Carta del C.E. de la Internacional Comunista al P.C.A. (1928)

Ante la crisis en el PCA, el Presidium del C.E. de la I.C. envía, con la firma de Ercoli (Palmiro Togliatti) la siguiente carta que significó un apoyo decisivo a la mayoría del C.C. del partido argentino. 

La carta es acompañada de una resolución donde se reconoce al PCA como la única sección argentina de la I.C. pero se plantea la necesidad de reunificarse con el sector liderado por Penelón.

CARTA AL PARTIDO COMUNISTA DE LA ARGENTINA

El Presidium del C.E. de la Internacional Comunista, después de un profundo estudio de la situación política de la Argentina y de la crisis del P.C. de la Argentina, ha tomado la resolución adjunta, de la cual se hace un amplio comentario en la presente carta.

La situación económica y política actual de la Argentina, el rol de los imperialismos norteamericano-británico y las próximas perspectivas.

I

1. La reciente guerra imperialista mundial y los acontecimientos y perturbaciones de orden económico y político social que los han acompañado y seguido, han tenido repercusiones más o menos profundas, han provocado cambios importantes en la economía nacional, en las relaciones de las clases y en la vida política de la Argentina. Pero el significado de estos cambios, para poder determinar las próximas perspectivas de desarrollo de la Argentina, no se presentan exactamente y con claridad si se prescinde de la situación internacional actual y sobre todo si no se toma en consideración que juega en la Argentina el imperialismo inglés y el imperialismo norteamericano. Además hay que tener en cuenta la importancia del lugar y del rol que la Argentina ocupa y desempeña en el conjunto de los países sudamericanos.

En fin, no se puede hacer abstracción de ciertas particularidades características propias a la economía y a la vida social de la Argentina.

2. Los cambios más importantes que tuvieron lugar durante y después de la guerra mundial en el estado de las fuerzas productivas sociales de la Argentina, consisten en lo siguiente:

a) Un fuerte y progresivo crecimiento numérico de los talleres y de las ramas industriales, un crecimiento de equipos, de la capacidad de producción y de la producción efectiva de las ramas verdaderamente industriales.

b) Un crecimiento rápido de las industrias más particularmente especializadas en la transformación definitiva o parcial de materias primas provenientes de la agricultura y sobre todo de la ganadería.

c) Un crecimiento continuo, bien que en un ritmo más lento, de la introducción de maquinarias agrícolas y de procedimientos científicos modernos en la agricultura. A pesar de que en la base técnica de la agricultura en la Argentina quedan como forma predominante los métodos anticuados.

3. Todos estos cambios, a pesar de todo, no han modificado las particularidades características especiales de la economía nacional de la Argentina, es decir la preponderancia casi absoluta de la producción de materias primas para las industrias extranjeras y de productos alimenticios para el mercado mundial. La falta de una industria pesada en general y metalúrgica grande y mediana en particular, hacen que de hecho la economía nacional de la Argentina dependa del extranjero, en lo que con concierne a su aprovisionamiento de sus medios de producción. La gran producción de materias primas en la agricultura y en la ganadería sobre la base del sistema de plantaciones y de los latifundios destinados al mercado mundial, he ahí la característica de la economía nacional de la Argentina. Eso significa que la Argentina actual es un país semi-colonial por excelencia.

4. El carácter semi-colonial de la Argentina está todavía más acentuado por el hecho de que la “valorización” del conjunto de casi toda la economía nacional está hecha por el capital extranjero y sobre todo por el capital financiero inglés y norteamericano. Los imperialismos inglés y norteamericano penetran progresivamente en todas las ramas de la industria, de la agricultura, de la ganadería, del transporte y del comercio y las subyugan. Las vías férreas pertenecen y son explotadas en la proporción de 9/10 y en forma monopolizadora, por el capital financiero inglés. Este último se apoya en los grandes propietarios de tierras. La industria frigorífica está dominada por el capital financiero norteamericano. El capital financiero francés ocupa también algunas posiciones importantes en la economía de la Argentina. El comercio de exportación de trigo, etc., se encuentra concentrado sobre todo en las manos de los trusts norteamericanos.

5. De manera que es el capital financiero extranjero que domina y dirige, que “desarrolla” solamente en la medida que ese desarrollo responde a sus intereses. Es un “desarrollo” que permite un acaparamiento acelerado de las riquezas del país, el agotamiento forzado de la economía nacional, y el reforzamiento de la explotación de las masas trabajadoras. Es un “desarrollo” unilateral e irregular, que impide el “desarrollo” y el crecimiento normal de las fuerzas productivas del país, y sobre todo de la economía rural. La economía rural de la Argentina se encamina de más en más hacia una crisis crónica. El “desarrollo” económico del país, dirigido por el capital financiero inglés, por ejemplo, aporta solamente el beneficio a los grandes propietarios de tierras y no al conjunto de la economía rural y menos aún a la población trabajadora rural. Los grandes propietarios de tierras acumulan ganancias, no por medio del mejoramiento de las condiciones y de los medios de producción agrícola, sino haciendo más pesadas las condiciones de locación, reforzando la explotación de los obreros agrícolas, y en general envileciendo las condiciones de existencia de las masas trabajadoras campesinas. El “desarrollo” económico del país dirigido más particularmente por el capital financiero norteamericano, creando usinas de transformación de producción agrícola y de la ganadería, centralizando el comercio de estos productos, tiene como consecuencia imponer a los “productores inmediatos” precios y condiciones onerosas y ruinosas. Es en este “desarrollo” económico del país —sin subestimar, se entiende, las causas de orden internacional y el crecimiento de la agricultura intensiva en los otros países— donde hay que buscar las raíces de la crisis agraria y de las “tijeras” en la Argentina.

6. La crisis agraria actual en la Argentina no constituye un hecho pasajero, debido a coyunturas determinadas, sino a un fenómeno social económico permanente, crónico, y que persistirá hasta que existan las causas que la determinan, y que son:

a) El monopolio de tierras cultivables detentadas por los grandes propietarios de tierras, ligados al capital financiero extranjero —particularmente inglés— sobre las vías férreas;

b) El monopolio del comercio extranjero sobre el comercio de cereales y de los productos de la ganadería;

c) El monopolio del comercio extranjero —particularmente norteamericano— sobre las industrias de transformación de los productos agrícolas y de la ganadería;

d) La preponderancia persistente de los medios de explotación extensivos que, a pesar de la introducción de nuevos medios de producción, está basada todavía de una técnica atrasada y de métodos de trabajo anticuados;

e) El aumento de las cargas fiscales.

7. Los cambios que tuvieron lugar en la economía nacional y las tendencias de su desarrollo, como así también las particularidades de la crisis agraria, caracterizan la importancia, el ritmo y la profundidad del proceso de diferenciación de clases en la Argentina. Este proceso se complica todavía más por el hecho de que llegan continuamente a la Argentina contingentes de inmigrantes. Actualmente el cuadro de la estructura de las clases en la Argentina, puede ser formulado sumariamente en la siguiente forma:

a) La gran burguesía agraria cuya base está constituida por las capas de los grandes propietarios de tierras numéricamente insignificantes, económicamente los más potentes, ligados al capital financiero inglés. El Partido Radical Alvearista, particularmente, representa cada vez más los intereses de estas capas sociales. Los partidos conservadores de provincias y partidos provinciales de los grandes propietarios de tierras, han hecho actualmente un bloque con el partido alvearista.

b) La burguesía industrial propiamente dicha y la burguesía agro-industrial. Esta clase se encuentra cada vez más ligada al capital financiero norteamericano y es bajo su tutela que se desarrolla. El Partido Radical Irigoyenista es quien representa y defiende los intereses de esa clase.

c) Ciertas capas de la pequeña burguesía de origen artesano —industria nacional tradicional—, empleados y obreros de los cuales una parte son obreros calificados, como así también una parte de la burguesía industrial, constituyen la base social del Partido Socialista.

d) Una enorme masa de pequeños arrendatarios y medieros sin tierra, constituyen hasta hoy una masa políticamente amorfa que utilizan los partidos alvearista e irigoyenista y además, alrededor de 1.400.000 obreros agrícolas —de los cuales 600.000 asalariados agrícolas estables—; los unos y los otros sufren la explotación de los grandes propietarios de tierras y de la burguesía agro-industrial.

Pero en esta masa el descontento aumenta cada vez más, en lo que concierne a la duración de las locaciones, los impuestos y la forma de pago de las mismas a los grandes propietarios de tierras, los precios elevados del transporte establecidos por los que tienen el monopolio, etc., etc. Las insurrecciones de la Patagonia, la sublevación de Jujuy, la huelga de Tucumán, en las cuales se ha visto armarse a los campesinos, y muchos otros hechos y actos de manifestación de este descontento, indican de una forma incontrovertible el profundizamiento de los antagonismos entre estas masas y las clases sobre las cuales se apoya el capital financiero extranjero.

8. La lucha para la defensa de los intereses de los intereses inmediatos o mediatos de los obreros agrícolas, lo mismo que la lucha de los arrendatarios y de los medieros cada día más pauperizados, a consecuencia de la concentración de la propiedad territorial y de las explotaciones agrícolas, contra los grandes propietarios de tierras y contra los capitalistas agro-industriales, se transforma al mismo tiempo en una lucha contra el imperialismo inglés y contra el imperialismo norteamericano. La particularidad de la lucha de clases en la Argentina está determinada por el hecho de que el movimiento antiimperialista, tomando el carácter de un movimiento de liberación de la economía nacional del yugo imperialista, puede ser y será un movimiento político de clase solamente a través de una lucha contra los grandes propietarios de tierras y la burguesía agro-industrial.

9. La clase obrera que cuenta con un número de más de 2.500.000 personas, de las cuales 1.400.000 obreros agrícolas y 1.100.000 obreros de ciudad —500.000 más o menos se encuentran en la ciudad de Buenos Aires— está grandemente dispersada. Sobre 1.400.000 obreros agrícolas, sólo 600.000 son estables. Los otros son inestables y ejercen diferentes profesiones. El proletariado industrial está igualmente muy dispersado: el conjunto de los obreros industriales está empleado en unos 61.000 establecimientos. Las otras categorías de trabajadores asalariados están también grandemente diseminadas. A excepción del proletariado concentrado en algunas decenas de grandes usinas y empresas, el resto de la masa obrera no está concentrada. La heterogeneidad técnica muy considerable del proletariado argentino, acentuada por la entrada de nuevas capas de inmigrantes, constituye otra particularidad.

El débil grado de concentración de la clase obrera, su heterogeneidad excesiva, sus movimientos inmigratorios en el interior del país, cambiando fácil y rápidamente de profesión, el débil grado de organización sindical, tales son las causas que facilitan y dan la posibilidad a los partidos burgueses y pequeño-burgueses de crearse una base entre los elementos asalariados calificados, acomodados y corrompidos, o entre los elementos ideológica y políticamente atrasados. Las mismas causas se explican también por el hecho de que una parte de los obreros se desinteresan de las luchas políticas de clase, hecho que favorece la persistencia de múltiples concepciones anarcoindividualistas y anarcosindicalistas. Las mismas causas se explican igualmente en el hecho de que el P. Socialista oficial, que desde el punto de vista social, ideológico y por su actividad representa un partido esencialmente pequeño-burgués, ejerce todavía una cierta influencia entre la clase trabajadora.

10. En conclusión, he aquí cómo se perciben las perspectivas económicas y político-sociales próximas: Nuevo reforzamiento de la penetración sobre todo de los imperialismos norteamericano y británico —y particularmente del imperialismo norteamericano a un ritmo más acelerado— en la economía del país. Esta penetración es acompañada de un reforzamiento de la presión política directa e indirecta sobre los partidos y sobre el gobierno. Al mismo tiempo, tenemos una agudización creciente del antagonismo entre esos dos imperialismos ligados respectivamente: el británico, con los grandes propietarios de tierras y el yanqui con la burguesía industrial naciente. En fin, tenemos un crecimiento del descontento entre las masas trabajadoras del campo contra los grandes propietarios de tierras, contra la burguesía agro-industrial y contra la burguesía industrial naciente. Este descontento de las masas trabajadoras rurales es al mismo tiempo un descontento contra el imperialismo. Es ahí donde hay que buscar una de las fuentes de fuerzas sociales para la organización de un movimiento de clase dirigido contra el imperialismo. La otra fuente social de lucha antiimperialista y a la cual corresponde el rol de dirección, es el movimiento obrero de las ciudades contra los capitalistas “nacionales” y extranjeros. Esta avalancha antiimperialista de origen “campesino” y obrero ligado con los movimientos semejantes de los otros países —semicoloniales o coloniales— de la América Latina determina las grandes líneas de las perspectivas próximas. Estas perspectivas son de grandes luchas inevitables en una situación en que se entrecruzarán la cuestión campesina, la cuestión obrera y la cuestión colonial nacional antiimperialista. Al proletariado de la Argentina le incumbe la misión histórica de jugar un gran rol en este complejo movimiento y de darle una orientación consecuente de clase. Al Partido Comunista de la Argentina le incumbe el deber y la tarea principal de dar a este movimiento al máximum de espíritu revolucionario y de orientación de clase, de guiar el proletariado y las masas trabajadoras en sus luchas contra las clases explotadas, en el interior del país y contra el imperialismo.

La lucha contra el imperialismo, y el crecimiento de los peligros de guerra. – La guerra que viene y el rol de la Argentina. – La actitud del Partido Comunista de la Argentina y las divergencias en el seno de su Comité Central. – Las tareas del Partido Comunista de la Argentina.

II

11. El crecimiento ininterrumpido y acelerado de las contradicciones y los antagonismos interimperialistas y las tentativas de crear coaliciones entre las grandes potencias imperialistas;

El movimiento y las luchas revolucionarias contra el imperialismo que las oprime, de un lado y del otro las aspiraciones colonialistas crecientes de los imperialismos rivales;

Las contradicciones entre los estados imperialistas —y sus agentes estados capitalistas— y la U.R.S.S. bastilla del proletariado mundial, defensora de los pueblos coloniales y de las naciones oprimidas;

En fin, la acumulación de toda una serie de acontecimientos, de hechos y de conflictos en el dominio de la política económica, militar y diplomática de los grandes estados imperialistas y sus satélites;

Todos estos hechos y estos síntomas indican y hacen percibir claramente cómo se acumulan y se concretan desde el punto de vista político y técnico los peligros de guerra y cómo se acerca el momento en que estallará una nueva guerra imperialista mundial.

12. Pero, en primer lugar, cuando se estudia esta acumulación de los peligros de guerra hay que percibir cómo perfilan cada vez más claramente como un espectro siniestro las amenazas de guerra que el imperialismo británico condensa contra la U.R.S.S. Estas amenazas belicosas del imperialismo británico se afirman cada día más.

Así, la cuestión de la nueva guerra imperialista mundial y sobre todo en su aspecto particular de una guerra imperialista dirigida contra la U.R.S.S. no constituye solamente una deducción teórica, sino que ella es una cuestión teórica y práctica del día. Igualmente es un problema del día lo de la guerra o de las amenazas de guerra de parte de los estados imperialistas contra la revolución en China y los movimientos revolucionarios de los otros países coloniales o semicoloniales. Una cuestión de palpitante actualidad es la de las amenazas de intervención y la de las intervenciones efectivas del imperialismo norteamericano en los países de la América Latina.

13. El deber del proletariado y de las masas trabajadoras de los países capitalistas es el de combatir su propia burguesía, las clases dominantes y el imperialismo, para impedirles hacer la guerra contra la U.R.S.S. o contra los países coloniales o semicoloniales que realizan una lucha revolucionaria de emancipación contra los países que los oprimen. Si esta guerra o estas guerras estallan lo mismo hay que luchar de tal forma y con medios apropiados para acelerar la derrota —y sobre el frente mismo y en el interior de cada país respectivo— del imperialismo y de la burguesía. Para cumplir bien esta tarea es necesario que los partidos comunistas se preparen y preparen de una manera propia al proletariado y a las masas trabajadoras para no dejarse sorprender por los acontecimientos.

14. En este dominio hay que evitar toda una serie de desviaciones peligrosas que existen todavía —se comprende, no solamente en el Partido Comunista de la Argentina sino también en los partidos comunistas de otros países— y ante todo hay que combatir la desviación que consiste en subestimar los peligros de guerra. La burguesía de cada país y sus agentes, los socialdemócratas tienen un interés de clase en favorecer y mantener esta atmósfera de subestimación de los peligros de guerra. Hay que evitar también otro error que consiste en desconocer el carácter de clase de la próxima guerra. Enseguida —y éste es un error de los más graves, y desgraciadamente el más probable— es la sobreestimación de la fraseología pacifista y socialista. En fin, hay que evitar de lanzar palabras de orden abstractas o improvisar medidas superficiales mecánicas que sean simplemente una apariencia de acción, pero desprovista de perspectivas y sin preparación ideológica, política ni de organización de una verdadera acción de obreros y de masas trabajadoras.

15. En la dirección del Partido Comunista de la Argentina y especialmente del grupo de Penelón se manifiesta una tendencia a subestimar la realidad de los peligros de la guerra. Los camaradas de esta tendencia tienen inclinación además a subestimar el rol que la Argentina jugará en la próxima guerra imperialista contrarrevolucionaria. Esto los empuja lógicamente a subestimar el rol, la importancia y la capacidad de acción del proletariado y de las masas trabajadoras de la Argentina y por consiguiente a desconocer las palabras de orden justas y las tareas del Partido, las más importantes, las tareas inmediatas y las tareas futuras en relación al imperialismo en general y frente a la guerra imperialista contrarrevolucionaria en particular.

16. En la próxima guerra mundial cualquiera sea el motivo formal inmediato de su declaración; sea cualquiera el territorio donde se desarrollarán las primeras actividades; sea cualquiera el sector geográfico al comienzo de la guerra y en el transcurso del desarrollo de las hostilidades, todos los estados capitalistas serán rápidamente envueltos directa o indirectamente. No podrá haber de hecho estados y países “neutrales” ¡como si hubiesen existido países neutrales durante la reciente guerra mundial! Y en una guerra dirigida contra la U.R.S.S. e ipso facto contra el proletariado de los otros países no podrá haber clases “neutrales”. Esto es absolutamente valedero para la Argentina que cuenta además con un precedente histórico. Han sido justamente los socialistas quienes al comienzo de la última guerra han predicado la “neutralidad” en nombre del pacifismo, lo que no les ha impedido a su turno participar en la guerra. No se puede aislar arbitrariamente la economía nacional de la Argentina del conjunto orgánico de la economía mundial. Además —y éste es un hecho real— la Argentina se encuentra desde ya en la dependencia económica y política del capital financiero inglés y norteamericano y por consiguiente sufriendo la presión directa o indirecta, muy grande y cada día más creciente, del imperialismo británico y del imperialismo norteamericano.

Si las particularidades de la economía nacional de la Argentina condicionan las formas y las modalidades de la participación de la misma en la próxima guerra mundial, no es menos exacto que es el imperialismo norteamericano o el imperialismo inglés, o los dos, quienes impondrán esta participación.

En esta situación objetiva de la Argentina que se encuentra entre esos dos imperialismos, pero desde ya subyugada a ellos, hay que buscar y saber en qué dirección concretamente y para cuáles objetivos, tanto desde el punto de vista político propiamente dicho, como estrictamente militar, debe ser llevada la lucha contra la guerra.

17. Así, en la Argentina, la lucha contra la guerra se transforma en un caso particular con condiciones particulares y recurriendo a medios específicos de lucha, ajustados a los “medios normales” de lucha contra el imperialismo. El Partido Comunista de la Argentina no podrá cumplir ni su deber primordial —la defensa de los intereses inmediatos y futuros del proletariado y de las masas trabajadoras de la Argentina— ni su deber común a todos los comunistas del mundo entero —la defensa activa de la U.R.S.S. y la lucha revolucionaria de emancipación de los países coloniales, semicoloniales o de las naciones oprimidas— si él no pone en el primer plano de sus preocupaciones la preparación, la organización y la dirección enérgica de la lucha de las masas contra el imperialismo inglés y contra el norteamericano.

Pero la realización de esta tarea de parte del Partido Comunista de la Argentina y del proletariado argentino sobre el territorio del país, es solamente concebible, como ha sido ya subrayado en el análisis económico que precede sobre la forma de lucha dirigida contra las clases y las categorías, contra los grupos y las organizaciones que sirven de apoyo y de agentes de los dos imperialismos. Por consiguiente, en la lucha antiimperialista de masas, el Partido Comunista debe aconsejar, propagar, organizar y dirigir durante la “paz” y en vísperas y durante la guerra futura, que esa lucha tome un carácter de una verdadera y profunda lucha de clases. Por otra parte, toda lucha verdadera y profunda llevada consecuentemente por el Partido Comunista ataca directamente al imperialismo. Es solamente planteando los problemas de esta manera que el Partido Comunista de la Argentina puede llegar a fijar su justa línea de conducta contra la guerra. Y solamente accionando en contacto y en coordinación con los partidos comunistas de la América Latina ante todo, y con los partidos comunistas de los países en general, es cómo la actividad del Partido Comunista contra la guerra, podrá ser eficaz.

18. En definitiva —y esto es de una importancia fundamental— el Partido Comunista de la Argentina tiene una tarea especial a cumplir desde el estallido de la guerra durante toda su duración; el de impedir por todos los medios que los estados imperialistas puedan aprovisionarse en la Argentina de materias primas y de productos alimenticios. Para realizar esta tarea en una forma eficaz, amplia y duradera, es necesario una acción de masas ideológicamente preparada y sostenida, conducida por las organizaciones apropiadas creadas especialmente. En este sentido, hay una dificultad muy grande que es necesario vencer con toda urgencia y a todo precio, consistente en hacer comprender a las masas trabajadoras que la pretendida “neutralidad de forma” de la Argentina no es más que un engaño que favorece a la burguesía y a los grandes propietarios, permitiéndoles acumular riquezas; que esta pretendida “facilidad de encontrar trabajo y ganar el pan” que, como un espejismo colocan ante la clase trabajadora en ligazón con el comercio de exportación, no significa, en verdad, más que una entrega del proletariado a las necesidades del imperialismo. Es necesario hacer comprender a las masas trabajadoras de la Argentina que impedir las exportaciones a los países imperialistas en guerra contra la U.R.S.S. no es simplemente un problema mecánico y técnico, sino que es un problema político ante todo. No puede haber en la Argentina crisis, calamidades, desocupación y sufrimientos para las masas trabajadoras a consecuencia del impedimento de las exportaciones, si las masas trabajadoras no dejan a los grandes propietarios de tierras, a la burguesía y al gobierno continuar conservando tranquilamente sus privilegios, sus beneficios, su dominación y su gobierno oprimiendo y explotando a los trabajadores. La situación sería muy otra en la Argentina si las masas trabajadoras supieran ligar este hecho de impedir las exportaciones destinadas a los estados imperialistas con la acción por la solución del problema agrario en favor de los trabajadores de la tierra, por la nacionalización de los ferrocarriles, contra los trusts, por el armamento del proletariado y de los campesinos, por la anulación de la deuda exterior, etc., etc., acción y lucha que culminarán con la constitución de un gobierno obrero y campesino.

Es, desde este punto de vista, que la Internacional Comunista estima necesario formular algunas críticas sobre la actividad del P.C. de la Argentina respecto de sus llamados manifiestos y artículos de julio de 1927, como en lo que concierne a las divergencias internas del Comité Central sobre la cuestión de la guerra.

19. La Internacional Comunista estima justa la palabra de orden: “ni una fanega de trigo, ni un kilo de carne para los ejércitos imperialistas en lucha contra la Rusia Sovietista y contra la China Revolucionaria”. Considera que el agregado: “luchemos por que” es superfluo y falso porque es un axioma elemental que la aplicación de la susodicha palabra de orden, no se haría sino a través de las luchas más encarnizadas. Y es tanto más falsa y peligrosa si tras esa fórmula se disimula, de hecho, el retroceso ante las dificultades enormes, la renuncia a luchar, “contra la corriente”, creada en las masas por la burguesía y los socialistas. Numerosas tareas en el dominio político, ideológico y de organización, se derivan de esta palabra de orden que es, o que debe ser, la palabra de orden central. Era necesario, lo es, por lo demás, precisar el doble aspecto político de esta palabra de orden: lucha antiimperialista, por una parte, y lucha por el gobierno obrero y campesino, por la otra. En lo que concierne a la palabra de orden, de “sabotaje por todos los medios a la guerra”, ha constituido desde el punto de vista político y técnico una parte de la palabra de orden central. Era necesario, por lo tanto, concretarla en la propaganda, precisando las tareas a realizar por los obreros de cada profesión y por sus organizaciones existentes o por las que fuera necesario crear especialmente para ese fin. Fue justo rechazar la idea del boicot contra la guerra. El proletariado no puede permanecer neutral. Y en este sentido es necesario explicar a la masa obrera la diferencia entre “sabotaje” y el boicot, que no hay que confundir. La palabra de orden de “huelga general” preconizada en el llamado del Secretariado Sudamericano es netamente insuficiente, a veces contradictoria y, en todo caso, puede prestarse a confusión. Sin rechazar a priori el recurso de la huelga general en la Argentina, la I.C. considera que es absolutamente indispensable para el P.C. de la Argentina especificar claramente el carácter, las condiciones de preparación, los órganos de dirección y la aplicación de esta huelga, como también sus objetivos inmediatos y lejanos. Era necesario precisar para los obreros que harían esta huelga, el carácter de la misma, para que ellos supieran si esta “huelga general de protesta” debía ser considerada como la conclusión, como el corolario de una serie de acciones o si por el contrario, debía ser considerada como una introducción, como el preludio de una nueva serie de acciones más amplias, más profundas, con un carácter distinto y adoptando formas diferentes.

La Internacional Comunista, pidiendo una precisión todavía más neta de estas palabras de orden, reconociendo sin embrago que en su conjunto la línea adoptada por el P.C. de la Argentina respecto de la guerra es justa, estima que la falta esencial del conjunto del Comité Central durante este período fue subestimar la importancia del movimiento antiimperialista de los pueblos de la América Latina en la situación internacional actual y más particularmente en la lucha contra la guerra. Esta subestimación ha dejado a los elementos excluidos del partido la iniciativa de la creación y la dirección de la Liga Antiimperialista en la Argentina, permitiendo su utilización por una organización sectaria, hostil al Partido Comunista.

El C.C. en su campaña contra la guerra no ha conducido con suficiente fuerza la lucha de denunciar la actitud social-patriota y social-traidora de la social-democracia. La lucha contra los peligros de guerra no podría ser seria y verdaderamente revolucionaria si no llevara también como condición necesaria la lucha más encarnizada contra el rol de la social-democracia. La I.C. considera que el P.C. de la Argentina ha procedido bien al haber comenzado un trabajo preparatorio de organización y de propaganda contra la guerra. Asimismo, es necesario tener en cuenta la posición de la Argentina, no sólo como país productor de materias primas, sino como beligerante. El refuerzo de la presión imperialista en la América Latina hace todavía más agudos los conflictos existentes entre los países de la misma (Tacna y Arica, por ejemplo), y crean por consecuencia, también en este terreno, peligros de guerra. Es necesario que el partido haga un trabajo metódico en el ejército. Desgraciadamente el partido ha quedado en los comienzos de este trabajo para después aplazarlo completamente. Es necesario y urgente operar una reavivación, reemprender el trabajo, ampliarlo, mejorarlo e intensificarlo. Es necesario al mismo tiempo, corregir —y sin duda no cometer nuevos— el error contenido en la circular del 15 de julio de 1927, del Comité de Acción contra la Guerra, consistente en sustituir la lucha de clases y nuestra concepción de la guerra en fórmulas pacifistas como ésta, por ejemplo: “el frente común de todas las instituciones y de todos los hombres que luchan por el bien de la humanidad y por la justicia”. Se trata no sólo de corregir esta fórmula, sino, sobre todo, de combatirla de la manera más enérgica aun si no hubiera más que un solo miembro del partido que la acepta, porque desterrada de nuestro partido, esta fórmula es la más aceptada por los pasivos, pequeño-burgueses y burgueses para sus menesteres entre las masas.

El movimiento sindical y obrero. – El problema de la unidad sindical. – El trabajo de los comunistas en el movimiento sindical. – Las divergencias en el Comité Central. – Las tareas.

III

20. Tres clases de dificultades relativas a las particularidades mismas de la economía nacional y a la estructura social, dificultan constantemente el desenvolvimiento normal del movimiento obrero

a) Es el fraccionamiento, la dispersión de los trabajadores en la Argentina sobre un inmenso territorio: 2 millones 500.000 obreros sobre 2.800.000 kilómetros cuadrados. Constatamos el mismo fenómeno en la cuestión del número de empresas que ocupan a esos obreros.

Pueden considerarse tres centros importantes de concentración del proletariado: Buenos Aires, Bahía Blanca y Rosario; en relación a las industrias, es la metalúrgica, la industria de la carne y la textil. Las aglomeraciones más importantes se encuentran precisamente en la industria de la carne: existen empresas que cuentan 10.000 y aun 30.000 obreros. Pero no es menos exacto —como regla general— que hay un fraccionamiento, una concentración poco importante del proletariado.

Sin embrago, en estos últimos años se delinean muy netamente tendencias hacia la concentración de las empresas y, por consiguiente, del proletariado;

b) es la movilidad, la inestabilidad, los cambios frecuentes de empleo. El movimiento migratorio al interior del país abarca casi 1.000.000 de trabajadores agrícolas y una gran parte del proletariado de las ciudades;

c) es, en fin, la heterogeneidad étnica y lingüística de la clase obrera. Esta heterogeneidad se encuentra todavía más acentuada por la continua introducción de nuevos grupos de inmigrantes. A este respecto, es necesario notar un hecho interesante: son sobre todo los obreros calificados que en los últimos años emigran a la Argentina.

21. La segunda característica del movimiento obrero en la Argentina, consiste en:

a) El débil grado de organización sindical. Sobre los 2.500.000 obreros, solamente algo más de 10.000 están organizados sindicalmente. La mayoría de los obreros organizados pertenecen a los pequeños establecimientos industriales. Los obreros de los frigoríficos están desorganizados. Se constata una organización casi nula de los obreros azucareros (industria que ocupa más de 65.000 obreros). Lo mismo ocurre con la industria de la madera (alrededor de 100.000 obreros) y casi la misma situación existe entre los obreros agrícolas.

b) El fraccionamiento de las organizaciones sindicales: existen tres “centrales” sindicales: la F.O.R.A., dirigida por los anarquistas, que contaban en 1920 alrededor de 20.000 miembros y que actualmente no cuenta más que 2.000; la U.S.A. dirigida por anarcosindicalistas y reformistas (aunque en la base los comunistas tengan una cierta influencia) que contaba al comienzo de 1922, con 70.000 adherentes y que hoy no cuenta con más de 7.000; la C.O.A. recientemente constituida, dirigida por los socialistas y los reformistas que cuenta con 95.000 adherentes más o menos, 80.000 de los cuales (sobre 130.000) son ferroviarios. Estos ferroviarios están organizados además en la Unión Ferroviaria (65.000 miembros) —ferroviarios, obreros de talleres y depósitos, la capa más explotada—. Fuera de estas “centrales” hay algunos sindicatos y uniones sindicales locales “autónomas”, en parte dirigidas por comunistas.

22. Entre las distintas causas que determinan y provocan un tal estado del movimiento sindical, aparte de aquellos que han sido ya enumerados en el párrafo 20, los más fundamentales son los siguientes:

a) El rol pernicioso y desmoralizador de la influencia del medio y de la ideología pequeño-burguesa de formación cosmopolita, del revolucionarismo pequeño-burgués e individualista que ha sido expandida en el movimiento obrero por las diferentes “escuelas” anarquistas, individualistas, anarcosindicalistas. Estas “escuelas” y estas agrupaciones nada hicieron y se mostraron incapaces de hacer cosa seria alguna por la clase obrera. Porque no han comprendido y porque no pueden comprender ni admitir que hay que trabajar y construir sobre la base de un movimiento de masas dirigido por organizaciones de las masas sobre el terreno de la defensa de las reivindicaciones parciales del momento y de los intereses de clase generales de mañana y del provenir. En el modo y medida que la concentración capitalista suprime el artesanado y el patronato refuerza su ofensiva contra los asalariados, el fracaso de los anarcosindicalistas aparece netamente y los obreros se separan de ellos cada vez más.

23. La reacción instintiva de los obreros contra los métodos y la incapacidad de los anarcosindicalistas fue utilizada por los oportunistas que tentaron al mismo tiempo atar el movimiento sindical al carro del reformismo pequeño-burgués y burgués y, por consecuencia, impedir el desenvolvimiento y la acción de ese movimiento sobre el terreno de la lucha de clases. No es por azar que “la aristocracia obrera” de La Fraternidad de ferroviarios, inspirada y dirigida por los socialistas y los yrigoyenistas, predomine en la dirección de la C.O.A. Tampoco es difícil descubrir en los medios dirigentes de la C.O.A. la influencia del tradeunionismo inglés, como asimismo una cierta rivalidad entre los irigoyenistas y los socialistas.

24. Las perspectivas de acentuación de los antagonismos de clase, el crecimiento del descontento y de la radicalización de la pequeño-burguesía, la ofensiva del patronato contra los aumentos de salarios y, sobre todo, su disminución, los preparativos sistemáticos de ataque de parte de las autoridades y del patronato contra los sindicatos y contra el derecho sindical por una parte, y, por la otra, el despertar del espíritu combativo de la clase obrera que quiere defenderse y luchar, tal es la situación actual que reúne, por así decirlo, todas las condiciones favorables a un amplio y rápido desenvolvimiento de las organizaciones sindicales.

25. ¿Cuáles son, cuáles deben ser, en estas condiciones, las principales tareas, métodos, preocupaciones y objetivos de los comunistas en relación con el movimiento sindical?

Ante todo deben, por su participación activa y abnegada en el trabajo cotidiano, en todas las luchas proletarias animar y reforzar, con un reclutamiento de nuevos adherentes, los sindicatos de base en los cuales están organizados. Los comunistas deben hacer este trabajo práctico, serio, sin interrupción, sobre todo en los centros industriales y en las aglomeraciones obreras más importantes y las ramas industriales más concentradas. Brevemente, un trabajo sindical práctico, lo más intenso en la base, en la usina, sobre el terreno local y en las federaciones de industria, tales son las tareas primordiales de los comunistas en el movimiento sindical, tal debe ser el centro de gravedad de la acción sindical de los comunistas. Son los comunistas quienes deben arrastrar, atraer a los sindicatos, nuevas fuerzas obreras, nuevos adherentes. Son los comunistas agremiados quienes deben tomar la iniciativa de presentar, formular y defender las reivindicaciones, indicar las mejores vías y métodos de lucha para obtener satisfacciones.

26. Teniendo por objetivo y trabajando activamente por la creación de un verdadero movimiento sindical de masas, los comunistas deben perseguir no menos incansablemente la propaganda y la agitación por la unidad sindical con vistas a la creación de una sola central sindical sobre la base de la lucha de clases. Las numerosas realizaciones, durante este último año, del frente único en la base, en la lucha y en las demostraciones y manifestaciones, a pesar de la resistencia y de la prohibición formal de los dirigentes de las centrales existentes, son síntomas de buen augurio que demuestran, sobre todo, que la unidad sindical podría realizarse y se realizará por la presión de abajo, de las masas. Esto significa que la principal dificultad consiste en esto: encontrar la vía para aprender el arte de suscitar, organizar, orientar, dirigir esta presión que viene de abajo. De otra manera, la palabra de orden de la unidad sindical, corre el riesgo de convertirse en una fórmula para una “actividad” artificial, superficial, una fórmula que cubra las apariencias y la pasividad, una fórmula de espera en los milagros, en una palabra, una frase…

27. Entre tanto, los comunistas deben tener perspectivas no sólo lejanas, sino perspectivas inmediatas, tomando como punto de partida la situación actual y la apreciación exacta del proceso y de las tendencias que desde ahora se dibujan netamente. En ligazón con eso, debe adoptar toda una serie de métodos y procedimientos prácticos de organización para coordinar su trabajo sindical en general y el de la unidad sindical en particular.

28. A tal efecto la Internacional Comunista se ve obligada a recordar al Partido de la Argentina las dos cartas resoluciones, la de julio de 1926 y la de julio de 1927 adoptadas por la I.S.R. y la I.C. y dirigidas, la primera al C. Central del P.C. de la Argentina, y la segunda a los CC.CC. de los PP. Comunistas de la América Latina. La I.C. estima que hoy todavía, estas dos resoluciones no necesitan una revisión y que deben continuar sirviendo de directiva fundamental. Algunas precisiones concretas hay que agregar, precisiones motivadas por algunos nuevos hechos en el movimiento sindical de la Argentina, pero ellas no comportan modificación alguna a la línea general fijada en los en los documentos mencionados. Estas precisiones consisten en esto:

29. “Es de toda evidencia que el centro de gravedad de nuestra actividad sindical, debe ser transferido a la central reformista” (Carta de julio de 1927). Es menester tratar de transformar a la C.O.A. en una central sindical única, pero es asimismo necesario transformarla en una central sindical de lucha de clases, cosa que significa que la C.O.A. actual debe ser transformada, modificada. Esto quiere decir que la entrada a la C.O.A. de los sindicatos “autónomos” o de los sindicatos de la U.S.A. —los unos y los otros siendo sindicatos de orientación revolucionaria— no puede y no debe ser considerada como una simple y fácil operación de orden técnico o administrativo. Toda una serie de condiciones preliminares son absolutamente indispensables crear, tanto en el interior de la C.O.A. como al exterior, en los sindicatos no adheridos, sobre todo en la base de los sindicatos y eventualmente en la escala de las federaciones.

Cada obrero organizado en los sindicatos actualmente fuera de la C.O.A. debe ser llevado a comprender que cuando su sindicato entra en la C.O.A. es para desarrollar una actividad sindical de clase, es decir la actividad sindical más abnegada, más enérgica y más consecuente. Es necesario que sepa que entra conscientemente, como militante, y no como atraído automáticamente. Asimismo, los organizados en la C.O.A., partidarios sin ambages de la unidad, deben, de su parte, ejercer toda su influencia y toda su presión para que en el interior de la C.O.A. se creen condiciones favorables a la realización y aceleración de la unidad sindical. Todo esto concierne a la propaganda, a la agitación, la presión por la unidad sindical.

30. ¿Bajo qué formas, por qué vías y modalidades de organización podría ser llevado más eficazmente este trabajo de propaganda, de agitación y de presión? Es evidente que todo este trabajo, los comunistas deben hacerlo por intermedio de las fracciones comunistas en las organizaciones sindicales y en todas las escalas de la organización sindical en general. El trabajo de las fracciones comunistas en los sindicatos debe ser controlado y dirigido por una comisión sindical central emanada del C.C. Las fracciones comunistas deben convertirse en las animadoras, en el factor estimulante, en las guías de los grupos rojos y de los grupos de unidad fuera y dentro de la C.O.A. y especialmente, en la preparación y en el curso de las luchas reivindicadoras obreras por el frente único concreto.

Las fracciones comunistas deben tender a hacer ligar los grupos rojos y los grupos de unidad, etc., horizontalmente, en la escala local, regional o provincial en Comités de Acción unitarios y de Defensa Sindical. Además estos comités podrán ocuparse del trabajo de propaganda y de agitación en favor de la creación de federaciones nacionales para cada rama de industria. En el caso en que los comunistas tengan efectivamente una dirección de esos comités y de los grupos rojos o de amigos de la unidad, es necesario convocar una conferencia nacional que elegirá o nombrará —entre otras deliberaciones— un C.C.; será necesario indicar de una manera absolutamente precisa que las tareas y los deberes de ese Comité consistirán únicamente en la centralización de la propaganda y de las campañas por la unidad sindical.

Los grupos unitarios en el interior de los sindicatos que existen dentro y fuera de la C.O.A. no deben ser nunca compuestos únicamente de comunistas, deben ser lo más amplios posible.

La minoría, persiguiendo como la mayoría, la directiva justa de concentrar nuestras fuerzas y nuestro trabajo en la C.O.A. ha cometido la falta de concebir la unificación de las fuerzas obreras en la C.O.A. como un asunto administrativo y no como el coronamiento de una lucha para obtener de la C.O.A. garantías que aseguren a los comunistas la posibilidad de desarrollar su propaganda y su acción, y de un trabajo metódico, serio en las agrupaciones de base de la C.O.A., para que los obreros hagan en ese sentido, presión sobre los jefes reformistas. La táctica de la minoría llegaba a una unidad formal que habría sido en realidad una abdicación de los comunistas ante los jefes reformistas y que no daba a la clase obrera ninguna fuerza real para llevar la lucha de clases.

Las tratativas con los jefes de la C.O.A. para adhesión de los sindicatos bajo la dirección del Partido Comunista, no son en sí mismas una desviación oportunista. Se convierten en un peligro cuando se hacen fuera de la dirección del partido y cuando no son preparadas y apoyadas por un trabajo intenso en la base de las organizaciones reformistas entre la masa obrera.

En las resoluciones sindicales, en general justas, de la mayoría, la proposición de convocar una conferencia de unidad compuesta de las organizaciones excluidas, de los sindicatos bajo la influencia comunista afiliados a las diversas centrales con el fin de “resolver la cuestión de la unidad”, podría conducir en la situación presente, y sin que la mayoría del C.C. hubiese querido perseguir tal objeto, a la constitución de una cuarta central sindical. Una gran prudencia es necesaria sobre este punto.

El Presidium considera ante todo que el trabajo sindical del Partido no debería concentrarse únicamente sobre la cuestión de la unidad sindical que ciertamente es de una gran importancia, pero cuya solución depende sobre todo de nuestro trabajo práctico en el movimiento sindical, de nuestra capacidad para conducir las luchas de la clase obrera para la defensa de sus intereses inmediatos, de nuestro trabajo de organización paciente y sistemático.

Un cambio profundo de nuestra concepción del trabajo sindical es necesario para que nuestra lucha por la unidad sindical se torne fecunda y sea apoyada por las masas de obreros conquistados por el trabajo cotidiano de organización y la lucha en defensa de sus intereses inmediatos llevada por el Partido Comunista y las organizaciones sindicales bajo su influencia.

En el caso en que la U.S.A., bajo la presión de sus organizaciones de base adhiriera a la I.S.R., el Partido encarará con la I.C. su táctica posterior en el movimiento sindical argentino. La adhesión a la I.S.R. no podrá realizarse si la U.S.A. no cesa en su lucha contra los comunistas, en su política de destrucción y de escisión y readmite a los camaradas de los sindicatos excluidos conduciendo toda una acción concreta de defensa de los intereses obreros en acuerdo con las líneas directivas de la I.S.R.

El problema de la mano de obra extranjera de la organización del trabajo en el seno del P.C. de la Argentina, teniendo en cuenta la composición étnica-lingüística heterogénea.

IV

32. Este problema es ante todo un problema político de primera importancia. El número considerable de obreros extranjeros, que tiende siempre a aumentar, la importancia económica de esta mano de obra extranjera, deben incitar a los comunistas a hacer explicar a los obreros el mecanismo inteligente para el funcionamiento del cual la burguesía nacional, los grandes latifundistas, y sobre todo, el imperialismo, se esfuerzan por transformar esta mano de obra extranjera, en un ejército industrial de esclavos coloniales sin derechos, sin abrigo, sin protección alguna, sin ligazón con otras capas de la población obrera del país. Los comunistas deben demostrar también y denunciar cómo los elementos intelectuales y políticos pequeño-burgueses, los socialistas y los reformistas, tratan desde arriba con un cierto desprecio a esta mano de obra extranjera y cómo se comportan como “tutores” o como de acuerdo con la burguesía y el capitalismo tienden a su “asimilación”.

33. Ante todo, los comunistas deben combatir el espíritu de orgullo “nacional” que la burguesía argentina “nacional” de formación cosmopolita manifiesta y con la cual trata de envenenar a la clase obrera. Es menester denunciar y combatir el espíritu de menosprecio de cualquier dirección que venga contra los obreros y los trabajadores inmigrados a quienes se les considera como “mendigos sin hogar ni amparo”. Es necesario realizar campañas sistemáticas cada vez más potentes para obtener condiciones iguales desde el punto de vista material, cultural y político para los obreros extranjeros. Cada lucha política tiene sus raíces en los antagonismos de clase. La lucha de clases consciente de los obreros de la Argentina se encuentra considerablemente trabada por el hecho de que casi el 50 % de los obreros están privados del derecho de expresar políticamente sus aspiraciones y su voluntad. Aquel que se desinterese de este hecho, que busque atenuarlos, satisface cualesquiera sean las apariencias “democráticas” y de “libertad” la ayuda a los terratenientes, a los capitalistas, los imperialismos y la policía para explotar y someter a los obreros extranjeros.

34. El Partido Comunista Argentino no podrá cumplir con esos deberes y tareas más elementales si no llega a ganar las simpatías y el apoyo activo de los obreros extranjeros, si no llega a organizar sindicalmente, a elevar y a desarrollar la conciencia de clase en ellos. Pero él no llegará a esa finalidad sino defendiendo no sólo sus intereses generales y las reivindicaciones parciales del conjunto de la clase obrera sin distinción de nacionalidad o de idioma, sino también defendiendo además los intereses específicos, particulares, de los obreros que no son argentinos ni hablan el español. Evidentemente, es necesario combatir el nacimiento y la persistencia de un “espíritu de capilla” de las minorías nacionales; es necesario igualmente, llevarlos a interesarse y a participar en las luchas proletarias del país; pero es necesario cuidarse de hacer el “internacionalismo al revés”, es decir de impedir a los obreros interesarse viva y activamente por los acontecimientos y la lucha de clase que el proletariado realiza en su propio país.

Sería falso y peligroso que estos obreros cuya gran parte vuelve tarde o temprano a su país de origen, sean obligados a renunciar totalmente a ocuparse de su país, a interesarse por los acontecimientos políticos y la lucha de clases en el mismo; sería peligroso y falso exigirles, bajo el pretexto de que el Partido Comunista de la Argentina, sección de la Internacional Comunista se ocupa por intermedio de ésta de los problemas, las cuestiones y las luchas de cada país.

35. Por consecuencia, el Partido Comunista de la Argentina tiene tareas particulares en el dominio del trabajo entre la mano de obra extranjera:

a) Defender los intereses generales y particulares de clase de los obreros extranjeros, atrayéndolos a las organizaciones sindicales y al partido y a la lucha contra el patrono y contra la explotación;

b) demostrar el rol del imperialismo y la necesidad de combatirlo;

c) realizar una propaganda y una agitación entre la mano de obra extranjera contra la burguesía y los gobiernos de sus países de origen.

36. Es, teniendo en cuenta estas consideraciones, que el Partido Comunista de la Argentina podría abordar y resolver de una manera justa la cuestión de la organización idiomática para los obreros extranjeros en su seno. Es necesario evitar las dos desviaciones posibles:

a) Tratar de conseguir la asimilación étnica, exigir que los obreros extranjeros comunistas se desinteresen totalmente de las cuestiones, de los problemas y de las luchas de su país de origen;

b) o bien, por el contrario, favorecer la creación de grupos o conjuntos étnicos estrechamente nacionales de “compatriotas” que se desinteresarían de las cuestiones, de los problemas y de la lucha de clases en la Argentina y en Latinoamérica.

37. Las formas de trabajo y de organización en el interior del Partido Comunista de la Argentina en las condiciones de su composición étnica y lingüística extremadamente heterogénea, deben ser elaboradas de la manera siguiente:

a) Teniendo en cuenta el número de adherentes a la célula, el número de obreros en la empresa, el porcentaje y la importancia numérica de extranjeros que haya en la misma y en la empresa, el trabajo debe ser hecho entre la mano de obra extranjera, según las directivas, bajo la responsabilidad y el control del bureau de la célula, sea por hombres de confianza para cada nacionalidad, o por una comisión o un círculo de trabajo idiomático;

b) junto al Comité de razón (barrio) y junto al Comité regional, bajo su contralor y su responsabilidad se crea una comisión de trabajo de las nacionalidades. Esta comisión tiene por tarea examinar el trabajo de los grupos idiomáticos (sobre la base de los materiales provistos por las células y los bureaux de células) y de dar las indicaciones y los consejos prácticos (por la vía del bureau de célula) a los grupos de trabajo idiomático. Esta comisión regional prepara y concreta, detalla y populariza las directivas del Comité Central y las envía, por intermedio de las células, a los grupos nacionales respectivos de trabajo. Según las necesidades y con la autorización del Comité de rayón (barrio) y del Comité regional, esta comisión de trabajo podrá convocar conferencias consultivas de comunistas de cada idioma separadamente;

c) una comisión central idiomática nombrada por el C.C. del Partido funciona junto al mismo, trabaja bajo su dirección y contralor en lo que concierne a las cuestiones y problemas relacionados con el trabajo de los comunistas entre la mano de obra extranjera, interesando particularmente a cada nacionalidad o categoría de idioma. Dirige el trabajo general de las comisiones regionales por intermedio de los CC. Regionales. En caso de necesidad y con la orientación del C.C., la comisión central podría convocar conferencias consultivas de los comunistas de cada nacionalidad separadamente.

El partido debe intensificar su trabajo de atracción de los obreros extranjeros, desarrollando los clubes especiales para ellos.

Sobre el trabajo de los comunistas en los concejos municipales y el trabajo del compañero Penelón en el Concejo Municipal de Buenos Aires.

V

38. Es evidente que en su trabajo en las municipalidades burguesas los comunistas tropiezan con dificultades especiales que los arriesgan frecuentemente a cometer errores políticos que en sí mismos pueden ser insignificantes, pero que, si se persiste en ellos, constituyen desviaciones que pueden hacer desviar a los partidos de su línea de clase.

Es igualmente cierto que sobre el terreno del trabajo de los comunistas en las municipalidades burguesas, la I.C. misma no ha hecho todavía un examen de conjunto de la actitud, de la actividad, de las experiencias acumuladas por las secciones en los diferentes países; la mayor parte de las secciones de la I.C. poseen hasta ahora cada una su propio programa municipal y su propio “activo” de errores, faltas y desviaciones. El Partido Comunista de la Argentina no es la excepción a este respecto.

39. El trabajo comunista en una municipalidad de una ciudad tan grande como Buenos Aires, que tiene más de 2 millones de habitantes, 500.000 de los cuales son obreros, en el centro industrial y político más importante del país, con un presupuesto formidable, representa un trabajo de principalísima importancia. El Partido Comunista de la Argentina no podía, no puede ni deberá desinteresarse de los trabajos de la municipalidad. Es necesario reconocer que nuestro único concejal municipal, el compañero Penelón, ha desplegado una actividad verdaderamente excesiva en el Concejo Municipal, que esta actividad ha contribuido en una cierta medida a la extensión de la influencia de nuestro partido.

Pero esta actividad desbordante comprende también una desviación negativa, una desviación oportunista pronunciada, contra la cual el partido debe reaccionar. Esta desviación consiste en esto: obtener ventajas materiales para los obreros, aprovechando de toda circunstancia, de toda ocasión, aun al precio de ciertas concesiones políticas, al precio de la atenuación de ciertas críticas contra nuestros adversarios políticos. Si se persiste y se obstina en este camino, si se evita plantear las cuestiones y los problemas políticos, cualquiera sea su importancia, especialmente en la tribuna del Concejo Municipal de Buenos Aires, cuya importancia política equivale a la del parlamento, nuestro partido corre el riesgo de desviarse de su camino de clase y de embarcarse en el oportunismo, de dejarse contaminar por el “cretinismo parlamentario”, de degenerar en un “practicismo” localista, de perder de vista la importancia de su labor, sobre el mismo lugar de trabajo, en las usinas, en las fábricas, de perder de vista la importancia del trabajo a realizar en lo que concierne a las condiciones de trabajo de los obreros, para acantonarse exclusivamente en el trabajo sobre el lugar de habitación. Bajo pena de perecer, nuestro partido, no puede y no debe restringir así su actividad y su horizonte político.

Esta desviación oportunista en el dominio parlamentario, se agravó cada vez más después de la ruptura de Penelón con el partido y su actitud escisionista creando uno propio. Toda su campaña “política” se hace sobre la base netamente oportunista-reformista y testimonia el emprendimiento del camino hacia el cretinismo parlamentario.

Es necesario decir que por justa e indispensable que fue, tanto en el fondo como en la intención, la réplica y la crítica que ciertos camaradas dirigieron y dirigen a la actividad del concejal municipal, es necesario cuidarse de caer en la desviación contraria, es decir, en la desestimación de la importancia del trabajo municipal y del trabajo en los barrios pobres. Hay que ligar el trabajo municipal al trabajo general del partido y no hacer un divorcio mecánico, de la misma manera que no hay que separar la lucha por las reivindicaciones parciales del momento dado de la lucha por las reivindicaciones generales políticas de clase. No es necesario igualmente olvidar que el Partido Comunista, vanguardia consciente del proletariado, conduce a este último en sus luchas contra la burguesía y los capitalistas, pero que al mismo tiempo es al proletariado que corresponde defender los intereses de todas las capas trabajadoras que sufren y padecen.

Para el enderezamiento de la línea del partido en el trabajo municipal la Internacional Comunista estima que en el porvenir, el Comité Central, como los órganos dirigentes del partido, no deben de seguirlo de lejos, como espectadores, sino que deben interesarse vivamente, discutirlo, controlarlo, hacer de manera que este trabajo sea verdaderamente parte integrante del conjunto del trabajo del partido. Por lo demás, el partido entero debe seguir la actividad de sus representantes en el Concejo Municipal, como en todas las instituciones electivas burguesas y reaccionar vigorosamente contra las tendencias oportunistas en cuanto ellas se manifiestan.

Apreciación de conjunto sobre el rol particular del Partido Comunista de la Argentina y las grandes responsabilidades que comporta en relación al movimiento comunista de la América Latina. – La actividad del P.C. de la Argentina. – Las divergencias en el seno del C.C. y la crisis actual en el interior del P.C. de la Argentina. – Vías y remedios para su solución. – Perspectivas próximas y tareas inmediatas.

VI

40. Los países de la América del Sud si bien se encuentran en distintos grados de desarrollo económico y poseen cada uno sus particularidades en la estructura y las relaciones de fuerza de las clases, representan, sin embargo, un conjunto de países que se asemejan desde el punto de vista territorial y social económico; que tienen esto de común: constituyen un campo para la penetración y la expansión de los imperialismos. Todos estos países, en apariencia repúblicas libres, son países semi-coloniales o coloniales que sufren la dominación del capital financiero extranjero, norteamericano e inglés en particular. Entre esos países, el que parece ser, aparentemente, el más “independiente” es la República Argentina. Es en este país también donde la lucha de clases se manifiesta políticamente bajo las formas más netas y donde los partidos políticos poseen programas y plataformas que permiten destacar los reflejos de los intereses de tal o cual clase o capa social.

Pero es igualmente en la Argentina donde nuestro Partido Comunista, con una base proletaria y un nivel más elevado de conciencia de clase y de experiencia política, debía convertirse, y efectivamente se convirtió, en el centro del movimiento comunista de la América Latina. Es el Partido Comunista de la Argentina quien en una cierta medida tiene la responsabilidad moral y política (eso es su deber y no un mérito) del desenvolvimiento bueno, malo o insuficiente de los partidos comunistas de los países de la América Latina. La I.C. ha tenido y tiene todavía en cuenta esta responsabilidad particular del Partido Comunista de la Argentina.

Se deriva de ello que el estado de crisis interna que desgarra, debilita y paraliza actualmente al Partido Comunista de la Argentina, debe ser encarado desde el punto de vista de los intereses del desarrollo comunista no sólo en la Argentina sino también en todos los países de la América Latina.

41. La Internacional Comunista estima que los problemas y las cuestiones que estaban, al comienzo, en litigio y que se han convertido más tarde en puntos de cristalización de las divergencias de principio, de táctica y de organización en el seno del Partido Comunista de la Argentina y que han culminado en una crisis interna, son de una gran importancia y no puede considerárselas como creadas artificialmente. Es la vida misma, es la situación internacional, por una parte, y el carácter de la marcha de las luchas sociales y políticas en la Argentina, por la otra, que han planteado y persisten en plantear imperiosamente estos problemas y cuestiones ante el Partido Comunista de la Argentina.

En efecto, no es un problema teórico artificialmente planteado que la cuestión de la guerra, los peligros de guerra, el carácter de la guerra próxima, traigan tareas al Partido Comunista de la Argentina. Eso fue y sigue siendo un problema político y práctico del día.

No fue y no es una casualidad tampoco que el problema de la mano de obra extranjera ligada con el de la organización del trabajo en el interior del P.C. argentino, por el hecho de su composición étnica-lingüística, fue y continúa siendo uno de los problemas que suscita más interés y discusiones en el Partido Comunista de la Argentina.

Sumamente importante, viviente, vital y de actualidad fue y continúa siendo la cuestión sindical, que sin una justa solución, nuestro Partido arriesga resbalar mucho tiempo aún sobre el lugar, de debilitarse, y de transformarse finalmente en una secta de discípulos en lugar de transformarse en un factor político de masas de primer orden.

 La cuestión municipal, por su parte, no surge del dominio de las discusiones escolásticas, sino que surge y se plantea por la práctica misma, por la práctica de ayer y la de mañana. De la buena o mala solución, de la buena o mala práctica comunista municipal depende mucho la extensión de la influencia política del partido y la consolidación de la ideología comunista del partido y la consolidación de sus organizaciones.

42. No existe ninguna duda de que la crisis interior actual del Partido Comunista de la Argentina, fue y sigue siendo determinada, si no directamente provocada por el hecho de que el Partido Comunista de la Argentina y el conjunto del C.C. no estaban en condiciones, no estaban a la altura del trabajo a realizar, sin temor y a fondo, estos problemas y para resolverlos de una manera justa, satisfactoria y políticamente consecuente. La realidad plantea imperativamente estos problemas ante el C.C. y le exige una solución. El C.C. rondaba alrededor de estos problemas sin abordarlos, los discutía evitando la discusión a fondo, se esforzaba de limitarlos al C.C., llevándolos, por la rendija, al partido pero sin plantearlos al partido. Resumiendo, el conjunto del C.C. se encerró en un círculo vicioso.

43. Como consecuencia de la situación en la que se había empeñado el C.C., éste no podía seguir el ritmo de los acontecimientos ni sus exigencias. Desarrollándose, el Partido Comunista de la Argentina no se ha transformado aún en un partido de masas. El partido argentino tiene ya una historia relativamente grande, superó con éxito dos crisis “interiores” (en 1922 y en 1925), dos crisis que debió atravesar y superar en el camino de su consolidación ideológica, de la cristalización de su fisonomía doctrinaria, de principios y de táctica y de organización interior. Desde entonces, el partido debía crecer rápidamente desde un punto de vista numérico, no solamente por la intensificación del reclutamiento de nuevos efectivos, sino sobre todo por la intensificación y la extensión de su actividad y acción política. Sin embargo, el partido, bajo este aspecto, no ha progresado mucho. No ha podido modificar radicalmente, profundamente, las costumbres y los antiguos métodos de trabajo. A pesar de haber transformado su estructura y habiéndose organizado sobre la base de células de fábrica, ha continuado practicando el método de los mítines y conferencias públicas, practicados anteriormente.

En lugar de adoptar y de generalizar el método de trabajo orgánico, el método de trabajo y de responsabilidad colectivas de cada órgano del partido, desde la comisión de la célula más pequeña hasta el mismo Comité Central, en lugar de seguir esta vía, el partido continuó siguiendo la vía tradicional, correspondiente a un período ya superado, la vía del trabajo individual, de las decisiones individuales; el método de los hombres de confianza y de la responsabilidad personal. En apariencia los nuevos métodos de trabajo colectivos fueron adoptados, pero en apariencia solamente. En los hechos, son los antiguos métodos los que predominan. El ejemplo más típico nos lo da el funcionamiento defectuoso del C.C. Discute o parece discutir todo y todas las cuestiones, pero no resuelve más que las de pequeña importancia, las que son de orden esencialmente administrativo, mientras que las cuestiones políticas más importantes, las cuestiones que conciernen a las directivas políticas a dar con motivo de cada acontecimiento concreto o, en general, que conciernen a la línea fundamental del partido, su líena táctica y de organización permanente siempre en suspenso.

Más aún, la discusión de estas cuestiones políticas apenas iniciadas en el Comité Central, o apenas enunciadas, son transportadas al seno de actos públicos (el caso de Chile, el caso de la escisión socialista, para no citar más que estos dos ejemplos). La consecuencia directa del empleo de semejantes métodos, es la descalificación, el descrédito de los órganos dirigentes responsables del partido, es el desarrollo de la confusión entre los miembros del partido, es la desmoralización de los militantes, es la substitución de las cuestiones políticas y de las tareas más importantes del partido por las cuestiones personales.

Un partido de clase, y tanto más un partido proletario revolucionario, como lo es el Partido Comunista, no puede existir largo tiempo ni desarrollarse normal y rápidamente, si renuncia a discutir las cuestiones políticas para no ocuparse más que de cuestiones personales, por elevadas que ellas sean.

El C.C. en su conjunto no ha sabido plantear o discutir en el partido, con el concurso de todos los adherentes del partido, las cuestiones en litigio. Las “discutió” de una manera sumamente restringida. En varios casos la mayoría y la minoría del C.C. abordaban las cuestiones bajo un solo aspecto, estudiándolas de una manera totalmente unilateral.

La solución dialéctica, la mejor de ciertas cuestiones en apariencia contradictorias, podría encontrarse, no en una discusión restringida, sino en una actividad amplia del partido. Hay cuestiones que se deciden y se conforman, no en familia, no de una manera mecánica por un simple voto, sino por una discusión amplia, en la que participan todos los militantes. La crisis de la dirección del Partido Comunista de la Argentina nos parece ser acentuada aun por el hecho de que los miembros del Comité Centra están apartados del trabajo directo y activo en las organizaciones de base del partido.

La I.C. estima que todas las cuestiones en litigio podían ser resueltas por el partido mismo después de una amplia discusión coordinada, controlada, dirigida por el C.C., desenvolviéndose sobre un terreno apropiado, a fin de que pueda servir también para la educación política e ideológica de todos los miembros. El Partido Comunista de la Argentina es ya lo suficientemente grande, fuerte y experimentado para poder conducir una discusión y hacer una autocrítica que permita enderezar la línea y corregir sus faltas, para poder llevar una discusión sin por esto provocar una crisis interna.

Una conferencia nacional o un congreso nacional debería clausurar la discusión, extraer las enseñanzas, conformar y tomar posición clara sobre las cuestiones, tomar las decisiones indispensables y sobre la base de éstas continuar el trabajo.

Aun en la hora actual existe otra vía para una solución sana de la crisis del Partido Comunista de la Argentina que la de una examen objetivo y serio de las cuestiones políticas, tácticas o de organización actualmente en litigio, que la de un examen hecho por el conjunto del partido.

44. El próximo congreso del P.C. de la Argentina, dada la situación en el interior del partido, debe ser seriamente preparado, precisamente por una discusión lo más amplia posible, sobre todo de las cuestiones y de los problemas que la presente carta resolución de la I.C. ha examinado.

En esta discusión preparatoria todos los problemas deben ser planteados y discutidos, así como una serie de otros problemas que conciernen a las tareas inmediatas y futuras del partido. Es necesario abordar y tratar estos problemas y estas tareas inmediatas y futuras del partido sobre un terreno político y práctico, como comunistas que buscan fortalecer y consolidar el partido, y no de una manera mezquina, presentándolas como “cuestiones secundarias” en relación a las cuestiones de ambición y procedimientos personales.

La I.C. considera que es necesario que el próximo congreso del P.C. de la Argentina se ocupe particularmente de las cuatro cuestiones políticas siguientes:

a) Los peligros de guerra y las tareas del P.C. de la Argentina.

b) El movimiento antiimperialista en la América Latina y su forma de organización.

c) La cuestión sindical.

d) El problema agrario y las cuestiones de los trabajadores del campo.

Estas cuatro cuestiones exigen ser estudiadas de una manera minuciosa y seria y ser resueltas, sobre todo, en relación a las condiciones políticas y prácticas y a las tareas de organización que se desprenden.

El próximo congreso del Partido Comunista de la Argentina, destinado a finalizar una dolorosa crisis interior, debe ser, sobre todo, un congreso de trabajo, serio y práctico. Es necesario que el P.C. de la Argentina aproveche de las circunstancias para forjar bien su línea y su base, pues nadie sabe cuánto tiempo le queda aún para poder discutir, por así decirlo, en relativa libertad.

La I.C. está convencida de que el P.C. de la Argentina saldrá de esta discusión en el interior del partido, discusión llevada sobre la base de la presente carta-resolución, y los trabajos del próximo congreso, no sólo completamente restablecido, sino fortalecido, templado por su propia autocrítica, y que estará en condiciones de duplicar su actividad.

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