Declaración de la C.G.T. (8/11/1933)

Publicada en Boletín de la CGT n° 24, 25 de noviembre de 1933, p. 3.

Esta declaración se redactó el día 8 de noviembre, dos días después que una delegación de la C.G.T. se entrevistara con el presidente Justo.

Algunas de las entidades adheridas a la C.G.T. y filiales de las mismas, se han dirigido, ya sea a la respectiva central o a la de todos los trabajadores de la República, solicitando la adopción de actitudes determinadas con motivo de hechos que aquéllas consideran de especial gravedad para del porvenir de la clase trabajadora organizada. La Junta Ejecutiva de la C.G.T. no ha descuidado ninguno de estos episodios ni ha dejado de dar en cada caso —como lo prueban sucesivas declaraciones— su opinión condenatoria. Y cree que, momentáneamente, no debe pasarse de ahí, ya que no hay circunstancias que los presenten como sintomáticos de una reacción general que obligue a las corporaciones obreras a una preparación defensiva en la que, entre paréntesis, siempre de hallan.

Desarrollo normal del movimiento obrero. Para fijar su posición frente a los actuales acontecimientos, la C.G.T. empieza por comprobar que, salvo rarísimas y no reiteradas excepciones, los actos de los sindicatos que la integran no han sido molestados. Realizan regularmente sus asambleas, sin que medidas especiales pesen sobre ellos o los obliguen a calla su pensamiento sobre ninguno de los asuntos que tengan entre manos; ni siquiera están impedidos en la medida de las posibilidades de cada uno, tanto de luchar para la defensa de conquistas como para realizar todas las que estén a su alcance. No se conoce el caso de militantes ni de miembros de los cuerpos centrales de la C.G.T. que hayan sido detenidos ni perseguidos en virtud de la acción sindical. Las giras de los representantes de la Central Regional, así como las periódicas visitas seccionales de los miembros de los cuerpos directivos de las organizaciones adheridas, ocurren sin impedimento alguno. Los periódicos sindicales hacen la prédica que creen conveniente sin censura previa y sin represalia posterior. La correspondencia sindical circula libremente.

Si esto es exacto y no se ha documentado lo contrario, ¿qué motivos tendría la C.G.T. para aprestarse a las luchas que girarían en el vacío y no hallarían ambiente por lo mismo que carecen de fundamento serio? Sin duda hay en otros órdenes una situación un tanto distinta. Los hechos de Córdoba y Avellaneda, que la C.G.T. condenó en su hora sin ambages demuestran que el horizonte político argentino se halla poblado de algunos nubarrones. Pero eso, ¿puede inducir a la organización central de los trabajadores a inmiscuirse en un campo al que debe permanecer ajena? ¿Acaso esos actos delictuosos o de simple represalia partidaria, trasunto de pasiones banderizas, son nuevos en el país? Si analizamos la historia nacional los hallamos numerosos, de esa o parecida naturaleza: fusilamiento de militares, asesinatos de gobernadores, persecuciones a los adversarios, trapisondas electorales, ¿no son páginas frecuentes en el desenvolvimiento de nuestra nacionalidad? ¿Y cuándo la organización obrera ha creído de su deber intervenir para que dejaran de ocurrir? ¿No hay, al margen de ella, fuerzas que luchan en ese campo y en las que pueden militar todos aquéllos ciudadanos que así lo deseen y que tienen, por virtud de su misión, el encargo de realizar esa obra? La organización obrera, deseosa de que imperen en el país las más amplias garantías para todos los habitantes, no puede ver sino con simpatía la obra civilizadora que realizan las distintas agrupaciones que coinciden en esa aspiración. Pero, así como no consiente que ellas se ocupen del salario y de las condiciones de trabajo, porque para eso están los sindicatos, tampoco cree corresponderle sustituirles en la otra faena a la que dedican como un imperativo de su existencia. No obstante, si esas expresiones anormales persistieran y se expandieran, siempre se está a tiempo para señalar el peligro y disponerse a eliminarlo.

Mala situación general. No puede desconocerse que hay factores que actúan como fermento en la actual situación del país que, bueno es decirlo, no se diferencia sino en pequeñas gradaciones de la que aflije al mundo. La crisis, la desocupación, la reacción capitalista, todo ello contribuye a que las masas se hallen exasperadas en cuanto notan que conquistas que han costado ingentes esfuerzos se ven arrebatadas por el patronato.

En el orden corporativo, ¿puede la C.G.T. ir más allá de lo que van los sindicatos que la forman? La Junta Ejecutiva entiende que en lo que respecta a la lucha aislada contra el respectivo capitalismo, es función de cada uno hacer cuanto pueda, y así como desgraciadamente los hay que no podrían exhibir una forja de servicios que demostrara el mantenimiento de conquistas realizadas en épocas de prosperidad, otros, por circunstancias diversas, han mantenido incólume los cuadros sindicales y han podido condicionar la arremetida patronal evitando en gran parte la agravación del paro en su propio gremio y procurando de tal manera que el “ejército de reserva del capitalismo” no aumente con nuevos contingentes.

Tampoco cabe desconocer que, a la diestra de la burguesía, otras fuerzas procuran aprovechar el actual estado de cosas, dándose algunos banderines de enganche que sirven para que los más desesperados e impacientes se enrolen creyendo que contribuyen a elaborar el propio bienestar y el del país en general. ¿Es indispensable que la C.G.T. diga que eso es equivocado, que se persiguen fines oscuros, que agazapados tras esos móviles, simpáticos en apariencia, se halla el capitalismo más espurio? Si así se entiende, la prédica permanente de la central obrera argentina está destinada a destruir esas ilusiones. Pero, ¿no hacen lo mismo los sindicatos adheridos desde sus periódicos, en sus asambleas, en sus manifiestos y llamamientos? ¿Es necesario cargar las tintas? Cada entidad componente de la C.G.T. está en libertad de hacerlo si así lo estima oportuno, y la central obrera no podrá verlo sino con buenos ojos, al par que expresa el deseo de que haya absoluta unidad en el propósito de evitar a la Nación males mayores.

¿Nuevos motivos? ¿Hay algo nuevo en el entrechocar de las potencias divergentes que actúan en el medio argentino? En lo que respecta al movimiento obrero debemos recordar que desde sus albores tuvo que luchar a brazo partido para vencer la resistencia del enemigo, que actuó en todos los campos. No son de hoy las leyes Social y de Residencia, y aunque un tanto lejanas en el tiempo, se hallan frescas en la memoria de los agremiados las reacciones del Centenario, las anteriores y las posteriores. La semana trágica de 1919, la reacción de mayo-junio de 1921, ¿deben ser olvidadas para decir que nos hallamos frente a novedades que exigen actitudes especiales y distintas de las que siempre se adoptaron?

Durante la Semana Trágica, los militantes obreros eran perseguidos, y recordamos que el Congreso Federal de la Federación Obrera Regional Argentina fue sorprendido y sus componentes llevados al Departamento Central de Policía en un vehículo de la misma. ¿Ha ocurrido ahora algún episodio de esa índole? Evidentemente, no. Entonces, ¿qué es lo que determinaría al movimiento obrero a sentirse peligrar y apercibirse para luchas cruentas?

La lucha contra el fascismo. No hemos mencionado hasta ahora al fascismo, contra el cual creen algunos que no se combate bastante. No ignoramos su existencia, ni podemos desconocer que en algunos países ha logrado triunfar e instalarse en el gobierno. Pero para determinar sus posibilidades en el nuestro es indispensable recordar que no hay aquí, tan agravados, los motivos que han contribuido allí a ese relativamente fácil triunfo. El caso italiano, aunque doloroso, resulta históricamente explicable, aun cuando no se justifique ni se desee. El pueblo italiano había ido a la guerra sin que sus fronteras fueran atropelladas por ningún otro país, y en alas de la promesa de extender las posesiones nacionales, satisfaciendo así una necesidad de la población, excesivamente nutrida para un territorio por demás reducido.

Al firmarse la paz, la desazón fue grande, por cuanto esa aspiración no se satisfizo y así se explica que las izquierdas lograran, en las elecciones inmediatamente posteriores, un triunfo rotundo. Por otra parte, se hallaban dispersas y sin hombres de prestigio las agrupaciones tradicionales de la burguesía peninsular, y cuando las mentadas izquierdas fueron llamadas al poder no se pusieron de acuerdo para aceptarlo. ¿No se facilitaba así la ascensión del audaz que, salido de las filas obreras, supiera engatusar a las masas con reivindicaciones inmediatas e intentara explotar los fermentos nacionalistas resultantes de lo que se llamó “la traición de los aliados”? ¿Nos hallamos ante algo semejante? ¡Hemos salido de la conflagración y tenemos necesidad de territorio? ¡Aquélla no ha existido y éste nos sobra! ¿Hay alguno de los partidos que lucha por gobernar y que en el momento de ser llamado se niegue a asumir esa responsabilidad? Los que exigen definiciones a la C.G.T., ¿las han hecho por su parte? Si nadie puede concretar nada al respecto, ¿cómo reeditar el episodio quijotesco de los molinos de viento?

La organización central del proletariado argentino, así como los sindicatos adheridos, está dispuesta a enfrentarse serena y valientemente contra cualquiera que le salga al encuentro, tanto para el mantenimiento de las libertades públicas como en defensa del desarrollo autonómico de la acción sindical. Lo que no desea es favorecer el auge del fascismo, halagando su vanidad con la atribución a él de todas las bribonadas que puedan cometer criminales en su exclusivo beneficio o a las órdenes de agrupaciones partidarias. Obrando erróneamente y enfocando los hechos desde un punto de vista equivocado, se deja en la impunidad a quienes resultan realmente culpables de esos desmanes y se hace creer a la población argentina que esos son episodios nuevos, atribuibles todos ellos a quienes se vanaglorian de que se les crea más fuertes de lo que son y capaces de perturbar el normal desenvolvimiento de la República.

Definición categórica. Hay organizaciones y militantes que creen en la necesidad de una definición. Entendemos que la organización obrera, por su misma naturaleza, está perfectamente definida. No le es preciso decir a cada instante que está contra el fascismo, contra la abolición de las garantías constitucionales, contra todo acto descabellado venga de donde viniera, que ve con profundo desagrado los odios políticos sin distinción de origen y sin perdón por la época o el momento en que se hayan producido. Pero, todo esto, que es una convicción general, ¿puede determinar una postura más estridente que la de otras veces? ¿Qué pasa en el movimiento obrero argentino para estimar como indispensable salidas airadas y llamamientos urgentes? A la organización le basta con decir que no se dejará atropellar y que así como en el pasado ha dado pruebas de su capacidad defensiva, lo mismo hará en el presente y futuro.

Pero, ¿no lo saben los capitalistas y quienes los apoyan? Cuando hubo en el país cambios importantes como resultado de convulsiones que pudieron poner en peligro la libertad sindical, ¿faltó la acción correspondiente? Después del 6 de setiembre de 1930, para no referirnos sino a lo más reciente, ¿abandonó la organización sus posiciones y se negó a gestionar la excarcelación de los trabajadores indebidamente detenidos? ¿Quiénes estuvieron entonces a nuestro lado? ¿A quiénes les pedimos colaboración? Si todo esto lo realizamos solos, por nuestros medios, ¿por qué dejarnos seducir ahora por propagandas que quieren embarcarnos en aventuras de incierto norte? La C.G.T., enemiga de los gobiernos dictatoriales, no se apartará ni un ápice de su Carta Orgánica, y sus militantes responsables, que no se han mareado con los triunfos ni acobardado con las derrotas, tampoco harán caso ni abandonarán la trinchera proletaria porque haya gentes que pugnan con amedrentarlos con acusaciones francas o veladas, de ser cómplices del fascismo o de las legiones armadas fuera de la ley.

En toda época hubo, para los mismos hechos, parecidos insultos. Unas veces se dijo que servían a tal o cual partido o secta; otras se quiso hacerlos pasar por instrumentos de enconos políticos; pero ellos, concientes de actuar como corresponde, con la reiterada aprobación de los sindicatos a que pertenecen, y sin otra obligación que servir a los ideales que han abrazado en su más temprana juventud, supieron levantar el corazón para que la calumnia no hallara blanco permaneciendo indemnes.

Asimismo, se felicitan de que el presidente de la República, en su entrevista del 6 del corriente, haya confirmado la orientación democrática del actual gobierno, lo que indica la necesidad de estimularlo en su decidido propósito de mantenerse dentro de la ley, luchando para el bien general, contra todo intento de sustituir el orden, venga de la demagogia o la reacción.

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