Informe de la delegación de la Federación Gráfica Bonaerense al XI congreso de la FORA (1921)

Compañeros asociados:

Cumpliendo con el mandato que nos confiriera la asamblea del día 23 de enero del año en curso, hemos asistido al XI Congreso de la F.O.R.A., realizado en la ciudad de La Plata durante los días 29, 30 y 31 del mismo mes, y 1, 2, 3, 4 y 5 de febrero, y del cual nos place informaros de nuestro cometido y de su resultado. Lo haremos un poco extensamente, a fin de ser los más exactos posible, aun cuando dejaremos muchos detalles en asuntos que hemos intervenido.

Bien; bajo la impresión de concurrir a una magna asamblea de trabajadores y estimulados por el anhelo de ver sellada la unidad obrera, nacional o internacionalmente, en el espíritu y en la acción de clase que comprende su rol histórico y no en la fórmula hueca de mero verbalismo, real y no ficticia; animados, asimismo, en contribuir con nuestro modesto esfuerzo a armonizar el conjunto y suavizar asperezas en procura de eliminar todos aquellos pequeños obstáculos que tendieran a dificultar el buen propósito que nos guiaba; con altura de miras; optimistas en lo que respecta al resultado de la misión que nos confió nuestro sindicato, creíamos que al llegar al congreso nos hallaríamos ante un número considerable de representantes de organizaciones que llenaría por completo la amplia sala del teatro Argentino, a juzgar por el número de sindicatos en condiciones de concurrir —más de 600— y por los preparativos que precedieron a la realización del mismo. Pero, desgraciadamente, factores diversos fueron causales que nos viéramos privados de contemplar un espectáculo tan sorprendente, pues no alcanzaron al número de 200 sindicatos representados. El hecho, por ejemplo, de ser época en que se realizan las faenas agrícolas, impidió concurrieran muchos sindicatos de estibadores; por otra parte, la distancia enorme en que se hallan algunos sindicatos, los conflictos prolongados que sostienen otros, y las cajas exhaustas, como asimismo cierta propaganda no sabemos con qué fines para que no se enviaran delegados al congreso, fueron motivos para que no pudieran asistir más que un número reducido de delegados. Y si hubo de lamentarse por ello, más aun lo fue por la no concurrencia de la aguerrida Federación Obrera Marítima.

Así y todo, conforme a la citación, el congreso comenzó sus sesiones. Previa apertura del mismo por el camarada secretario de la F.O.R.A., saludó, en nombre del C.F., a los congresales presentes, augurando buen acierto en las deliberaciones. Y luego de nombrarse la comisión de poderes, de la cual la integró y fue miembro informante nuestro compañero Briuolo, se votó por unanimidad una moción de solidaridad a los compañeros marítimos con motivo de la tenaz lucha que sostienen contra la empresa Mihanovich. En el mismo sentido se expresó el congreso para con los camaradas ferroviarios ante la actitud agresiva de las empresas. De igual manera se aprobó otra moción de solidaridad con todos los trabajadores del país y de protesta, a la vez, contra los atropellos inauditos que cometen las autoridades y patrioteros en Las Palmas, San Ignacio, Puerto Deseado, Santa Cruz, San Julián, Puerto Madryn, provincia de Entre Ríos, Rojas y demás puntos dé la república, con motivo de las luchas de reivindicación que sostiene la clase obrera.

La nota discordante en este día la ofreció la policía local llegando a apostar agentes del escuadrón de seguridad en los palillos y en las puertas de acceso a la platea del teatro, motivando que el congreso resolviera invitarlos a que abandonaran de inmediato esos sitios, lo que así hicieron.

Transcurrieron los dos primeros días del congreso en considerar el informe de la comisión de poderes, aprobándose en general su labor, salvo dos credenciales: la de obreros en tabaco y la de curtidores, que dieron lugar a largos debates, sobre todo la de los últimos. En lo que respecta a la primera, hemos considerado que los compañeros tabaqueros debían estar representados en el congreso, luego de haber escuchado el pro y el contra, pues las razones que se abonaban para no aceptar la delegación era de no haber cotizado el sindicato durante nueve meses, causa que explicaron los delegados respectivos arguyendo que el motivo de esa situación era la gran cantidad de conflictos sostenidos por la organización. La delegación se aceptó.

Motivo de un gran debate —como decíamos—, que absorbió dos sesiones, fue la credencial del delegado Muzio, representante de los compañeros curtidores. Las razones en que se fundaron los que abogaron en contra del delegado Muzio, eran porque no trabajaba en la industria, siendo a la vez diputado, aunque el sindicato que representaba lo había designado por ser uno de sus miembros. El congreso rechazó la delegación.

De nuestra parte, en esta oportunidad, hubo una disidencia: el compañero Briuolo votó por la aceptación, y Rugilo y Greco votaron en contra, no por el hecho de ser diputado, sino por considerar que, como tal, en el parlamento no se encuadraba en el terreno de la lucha de clases.

En lo que respecta a las demás credenciales, hemos estado concordantes con el despacho de la comisión, votando en contra de las delegaciones indirectas, salvo en aquellos casos en que los delegados representaban varios sindicatos de una misma localidad lejana.

Motivo, también, de un animado debato fue la credencial presentada por dos delegados del comité central de tráficos y talleres de la Confraternidad Ferroviaria. Nosotros, en esta circunstancia, hemos votado porque se le diera representación consultiva, de acuerdo con la carta orgánica y con el criterio expuesto, por la comisión de poderes y las numerosas secciones ferroviarias representadas en el congreso. Así se resolvió.

Al finalizar la sesión del segundo día, recién se nombró la mesa directiva, resultando electos de nuestra delegación los camaradas Briuolo y Rugilo, presidente y secretario, respectivamente.

Día 31 de enero. Tercer día de congrego.— Previa lectura por parte de la secretaría de dos telegramas de Rojas, en los cuales se hacían públicos los atropellos inauditos cometidos contra los trabajadores en huelga por parte de la policía y elementos de la Liga patriótica, el congreso envió una comunicación al jefe de policía protestando por su conducta y nombró, al mismo tiempo, a cinco delegados para entrevistarse con el mencionado jefe y relatarle los hechos.

Nuevamente la delegación de los comités de tráficos y talleres ferroviarios presenta su protesta por la resolución del congreso al darle tan sólo carácter consultivo. Con motivo de plantearse este asunto, el congreso perdió lamentablemente el tiempo durante toda la mañana y parte de la tarde, pues los delegados en cuestión reclamaban derecho a voz y voto en representación de todas las secciones ferroviarias, aun cuando luego rectificaron y se referían a las secciones no representadas; pero los delegados de las secciones ferroviarias presentes opinaron en contra, arguyendo que las secciones que pretendían representar los delegados del comité central no les habían autorizado, y, por lo tanto, amenazaban retirarse del congreso si se resolvía hacer lugar al pedido que hacían de concederle voz y voto. Nuestra delegación de nuevo fue consecuente con su primer voto, resolviendo el congreso ratificar la resolución anterior por 78 votos contra 61.

Una predisposición de ánimo de parte de algunos delegados, llega al extremo de plantear una cuestión pueril a la presidencia porque suena tan sólo una campana de orden y amenazan con retirarse del congreso.

El “Comité de unificación del proletariado’” envía dos delegados que toman asiento en un palco.

Luego de leerse y aprobarse el reglamento de discusión, la secretaría anuncia que de acuerdo con lo que había quedado pendiente en el día anterior, correspondía tratar el asunto previo de los molineros, motivo de que la barra estalle en aplausos. Los delegados de la Federación Obrera Molinera acusan a los profesionales de negarles la solidaridad en el conflicto que sostienen con el Molino del Río de la Plata, y después de varias manifestaciones, el congreso resolvió por unanimidad emplazar a los profesionales a que abandonaran el trabajo antes de 24 horas; pues de lo contrario serían expulsados de la F.O.R.A.; quienes a las 14 horas del otro día dieron cumplimiento a la resolución.

Al terminar esto asunto, el societario, nuestro camarada Rugilo, propone se pase a nombrar las comisiones respectivas conforme a la orden del día, siendo, además, práctica establecida luego de nombrarse la mesa y aprobarse el reglamento de discusión, para así ordenar los asuntos a discutir y no perder más tiempo inútilmente. Estando presidiendo Alegría, el congreso desatendió la invitación del secretario y la anormalidad asumía cada vez mayores proporciones.

Las mociones incidentales se presentan a centenares a la mesa y todas motivan una pérdida enorme de tiempo, siendo, a esta altura, el que marca la pauta en ellas, uno de los delegados de los ebanistas, Plazas, quien funda una moción por la cual se alteraba la orden del día en el sentido de tratar primero el problema de la unificación obrera, dejando para después el asunto referente a la orientación y relaciones internacionales de la Federación O.R.A.

De nuestra parte, considerábamos improcedente esa moción, ya que carecía de base sólida para justificarla, pues si la unificación obrera había de venir, lo mismo vendría con o sin la alteración de la orden del día, tanto más cuanto llevábamos nosotros el mandato de sostener el proyecto de unificación obrera esbozado por el C.F. de la F.O.M.; y, unidos a otros camaradas delegados, queríamos explicar nuestro modo de ver sobre el asunto y discutir la moción previa; pero no nos fue posible: Una barra inculta, tan sospechosa como tendenciosa, que parecía obedeciera a las órdenes de no sabemos qué fuerzas misteriosas, impedía cada vez que comenzara a hablar algún delegado de los sentados en la extrema izquierda de los congresales, exponer su criterio; siendo lo más doloroso del caso que observáramos que algunos delegados estimulaban la acción de la barra aplaudiendo sus actos, y una vez calmada la tormenta simulaban aconsejando cordura. Debido a la confusión reinante, la alteración de la orden del día fue aprobada tal como la propusiera el autor.

Entonces, nuestro compañero J. Greco, conjuntamente con Gratacós, de los obreros tabaqueros, R. Greco, de los metalúrgicos, y otros delegados, hicieron indicación para que [se] aproba[ra] el proyecto del C.F. de la F.O.M. “sin discusión y por aclamación”, ya que se había alterado la orden del día con ese motivo y explotando los sentimientos anhelosos de unidad que tienen todos los trabajadores; pero, en cambio, los que habían propuesto la alteración de la orden del día no querían aceptar la unidad “sin discusión y por aclamación”, y proponían el nombramiento de una comisión “para su estudio». Ante esta última proposición, delegados y barra quedaron atónitos al constatar los buenos propósitos que animaban a los que momentos antes habían censurado. Por último, los ebanistas retiraron la proposición de nombrar la comisión para estudio del asunto y fue votado por unanimidad el proyecto del C.F. de la F. Obrera Marítima, que es el siguiente:

“La Federación Obrera Marítima, consecuente con la orientación que ha mantenido desde su fundación, tendiente a aunar los esfuerzos obreros en su lucha anticapitalista y emancipadora, con el propósito de crear un solo frente en el orden corporativo, nacional e internacional, a los efectos de solidificar cada vez más los cimientos de la organización sindical y hacer más factible, rápido y seguro el avance del proletariado organizado;

Considerando que la existencia de un organismo nacional al margen de la Federación O.R.A. debilita las fuerzas obreras, las que pierden su cohesión y unidad para proceder al unísono en contra del capitalismo y el estado y que valiosas energías se pierden en una lucha fratricida que los enemigos históricos de la clase obrera alimentan en su beneficio;

Teniendo en cuenta que este hecho hace que un buen número de organismos obreros permanezcan encerrados en los marcos corporativos, manteniéndose completamente desvinculados del resto de los trabajadores y siendo, por lo mismo, elementos pasivos en la lucha de clases;

Considerando, además, que una “entente” no soluciona en nada el problema, puesto que no modifica la situación de desarmonía y división que actualmente existe, que las organizaciones autónomas continuarían en su situación y que la “entente” es una medida transitoria condenada al fracaso inmediato, porque no establece derechos y de deberes y hace que insignificantes entidades sin ninguna responsabilidad vivan y se desarrollen al calor de instituciones fuertes y responsables.

Entendiendo que únicamente con la fusión de todos los sindicatos y federaciones puede y debe constituirse el Frente Único que batirá a la Asociación del “trabajo”, amenguará la actividad criminal de la “Liga patriótica argentina” y asegurará la estabilidad de las conquistas obreras,— Resuelve:

1°. Proponer al undécimo congreso de la F.O.R.A. que destaque una delegación de su seno que —conjuntamente con delegados de la F.O.R.A. comunista y sindicatos autónomos—, tomando por base la Federación de obreros en construcciones navales, Sindicatos de estibadores del puerto de la capital (unificados), Conductores de Carros y Unión chauffeurs, constituyan un comité encargado de preparar la realización de un congreso nacional de unificación.

2°. Que este comité obre independientemente de los tres núcleos obreros, a saber: Federación Obrera Regional Argentina, F.O.R.A. (comunista) y sindicatos autónomos.

3°. Que debe expedirse en el término de tres meses, confeccionando las bases y convocando al congreso a todas las organizaciones sindicales, indistintamente, cuya existencia sea real y hayan adoptado los métodos de la lucha de clases, siendo ese congrego quien en última instancia resolverá el problema de la unidad.”

1°. de febrero. Cuarto día.—Entre varias comunicaciones que se leen, una de la Federación Obrera Marítima (Posadas) relata unos sucesos trágicos acaecidos en el puerto Istueta, donde los trabajadores que se hallan en lucha contra la vil explotación de que son víctimas, son bárbaramente apaleados por la policía y muchos de ellos hasta degollados. Varios delegados vecinos de esa región, corroboran esos hechos y relatan en forma detallada bárbaros atropellos de que son víctimas los trabajadores de Misiones y el Chaco, donde se les asesina sin compasión y son enterrados en los bosques o arrojados a los ríos para no dejar rastros. Oídas todas estas manifestaciones, el congreso formula su más enérgica protesta y acuerda publicar un manifiesto en el cual se relatarán todos esos hechos.

Acto seguido, se pasó a nombrar el comité pro unificación obrera, resultando electos: Pérez Leirós (obreros municipales), Pérez (ebanistas), Gratacós (obreros en tabaco) y Fernández (escultores en madera).

En la sesión de la tarde, como cuestión previa, se ratificó el boicot a los cigarros “Avanti”, a pedido de una delegación de huelguistas.

Los delegados de la Federación de Puerto Deseado y de Santa Cruz, reclamaron la solidaridad de los trabajadores congregados en la F.O.R.A. ante los graves conflictos que sostenía la clase obrera en esas regiones e hicieron una exposición de hechos acaecidos en esos sitios, donde los trabajadores son atropellados y perseguidos por la fuerza pública como vulgares asesinos, siendo muertos algunos y apaleados muchos, resolviéndose, por último, lo mismo que en el caso de Istueta.

A renglón seguido y en vista del tiempo enorme que se perdía alrededor de las cuestiones incidentales —que parecía fuera todo a propósito—, Rugilo propone que todo asunto que no esté en la orden del día pase a la comisión de asuntos varios. Así se resuelve, por gran mayoría.

Luego, el presidente, compañero Briuolo, anuncia que corresponde nombrar las comisiones; y, a continuación, Plazas, delegado de los ebanistas, consecuente con su propósito anterior, es decir, dispuesto a que no se discutiera lo fundamental que había de considerar el congreso, propone que no se nombren esas comisiones, pretextando que el próximo congreso de unificación había de resolverlo todo; pero el congreso, por gran mayoría, frustró ese propósito, dando lugar a que los delegados ebanistas y otros, acompañados de la barra, promovieran un gran desorden, que el presidente dominó luego de haber hecho sonar largamente las campanas de alarma, hasta que uno de los delegados ebanistas, Pérez, renuncia a su propósito.

Se pasa a nombrar la comisión de asuntos internacionales, y el secretarlo, Rugilo, previendo que pudiera surgir algún incidente por la colocación de los nombres propuestos, hace la indicación de que los delegados se apersonen a la mesa con los nombres que gustasen para ser anotados por riguroso orden y evitar cualquier mala interpretación; pero el congreso no aceptó esta indicación, lo cual involucraba un voto de confianza a la secretaría. Sin embargo, una vez conocida la lista de los nombres propuestos, los delegados ebanistas presentan una moción incidental en la cual acusaban a dicho compañero de obrar con parcialidad, pidiendo, en consecuencia, su reemplazo. El compañero presidente, Juan Greco y otros delegados, hacen notar que esa moción no podía votarse y que anteriormente el congreso le había depositado su confianza. Los delegados ebanistas, entonces, se rectifican y dicen no plantear ninguna cuestión de confianza, sino simplemente su reemplazo porque se habían nombrado seis secretarios.

Y como el desorden no tenía trazas de terminar, ya que la barra —como de costumbre—, los delegados ebanistas y otros insistían en su propósito, mientras la mayor parte de los delegados opinaban en contrario, el secretario optó por retirarse, no sin antes hacer uso de la palabra. Dijo que había pensado primeramente no abandonar su puesto de trabajo, porque había comprendido la intención aviesa que les guiaba a sus acusadores, pero que ahora lo hacía, ya que tenía elementos de juicio irrefutables que justificaban su imparcialidad. Se refirió al argumento pueril de que se habían nombrado seis secretarios, a quien contestó que no ignoraba prácticas de asambleas y de congresos, y que cuando se nombraban presidente y vices y secretarios respectivos, era a los efectos del trabajo, pero si los primevos nombrados querían permanecer constantemente en sus puestos, nadie podía hacerles objeción alguna; y en lo que respecta a la acusación de ser parcial en la colocación de los nombres propuestos, mostró una lista que le facilitaron los periodistas, que era exactamente igual a la suya. Escuchadas estas razones, la mayor parte del congreso estalla en aplausos pidiendo que el secretario no abandone su puesto, a lo que no accedió. Los delegados ebanistas habían retirado su moción.

A renglón seguido, al votarse el primer nombre de los propuestos, uno de los contadores, Pérez Leirós, equivocó en el recuento de votos, motivo por el cual se produjo un gran tumulto, hasta que el presidente levantó la sesión por no poder continuar.

2 de febrero. Quinto día de congreso.— Si malos fueron los días de sesiones anteriores, este fue peor que todos. Entre las varias comunicaciones leídas, una de los profesionales molineros que ratificaban la noticia de que habían hecho abandono del trabajo solidarizándose con los huelguistas del Molino Río de la Plata, trajo una discusión. El delegado de la F. O. Molinera dice que los profesionales habían dejado trabajando en el molino a dos guardias y consideraba que no debía permitirse. A lo cual contesta el representante de los profesionales que los habían dejado a esos obreros para en caso de incendio, pero si el Congreso resolvía que habían de abandonar esos puestos, aceptarían. Ello, no obstante, se produjo una discusión alrededor del asunto, terminándose por aceptar una comisión de estudio.

A continuación, la secretaría da lectura a una moción, la cual, fundada en el error cometido por Pérez Leirós en el recuento de votos de la última votación del día anterior, y explotando excesivamente ese hecho, pedía la reconsideración de las votaciones sobre la comisión pro unificación y aceptación de los representantes de los comités centrales de tráficos y talleres de la Confraternidad Ferroviaria con derecho a voz y voto, pues, de lo contrario, los firmantes, que eran varios, abandonarían el congreso. Esto dio lugar a que se produjese un gran desorden: las campanas resultaban impotentes para dominar a los congresales y la barra, que era bastante numerosa. Se lee otra moción en el sentido de ratificar todas las votaciones anteriores, tanto más cuanto, agregaba, habían sido controladas por la mayor parte de los miembros del C.F. y los representantes de la prensa, y que, por esas razones, no veía las causas que pudieran motivar una rectificación de las votaciones de asuntos tratados en días anteriores. Los firmantes de esta otra, lo mismo que los anteriores, amenazaban con retirarse del congreso en caso de hacer lugar a la moción contraria.

Ante esta disyuntiva, y luego de unos breves diálogos, el presidente, compañero Briuolo, llamó a la cordura a los mocionantes en el sentido de que retiraran las mociones; deseo que no consiguió, ya que, algunos de los firmantes de la primera de ellas, Alegría, de la F.O.M. de Barranqueras, y Plazas y Renoldi, de los ebanistas, no aceptaron la invitación de la presidencia.

Para fundar las razones de la primera moción, habla Alegría. Y lo hace en una forma tan obscura y maliciosamente, llenando su discurso con insinuaciones malévolas y ataques injustificados a los que no le servían de rebaño, llegando, por último, a llamarse a sí mismo ¡ingenuo! Estas manifestaciones en el transcurso del tiempo que fueron vertidas, provocaron la más airada protesta e interrupciones violentas por parte de los delegados que, a nuestro juicio, habían obrado con manifiesta sinceridad en todo el congreso.

Mientras tanto, la barra, que a pesar de ser día de trabajo, llenaba las dos galerías superiores del teatro, consecuente con su procedimiento, aplaudía a más y mejor a los autores de la moción de reconsideración, e impedía, con insultos, amenazas y desórdenes teatrales, que hablaran los que estaban en contra.

Acto seguido, refuta a Alegría, Emilio López, de la F. O. Tucumana, el cual, entre otros argumentos, dijo que la moción que se discutía evidenciaba una maniobra tendiente a hacer triunfar un criterio determinado cuando la mayoría estaba en su contra, y <¡ue no era posible volver a n.ctilb-ar las vota- i.i)». a qu«- so proponía, rúando el asunto de los delegados de tráficos y talleros se había votado cuatro veces. nuestra parte, considerábamos impío- dente osa moción; y ann-cuando habíamos solnatado insistentemente la . paiabm. no nos fué posible hacer, uso do ella debido al tumulto. Considerábamos, ade- .anas, que por los considerandos ><¿ue se Iioeuin no era una- rectificación, sino una jocnnsjdoraemn de. todos los asuntos v, ?>que no era posible volver a rectificar las votaciones que se proponía, cuando el asunto de los delegados de tráficos y talleres se había votado cuatro veces.

De nuestra parte, considerábamos improcedente esa moción; y aun cuando habíamos solicitado insistentemente la palabra, no nos fue posible hacer uso de ella debido al tumulto. Considerábamos, además, que por los considerandos <¿ue se Iioeuin no era una- rectificación, sino una jocnnsjdoraemn de. todos los asuntos v, ?>que se hacía, no era una rectificación, sino una reconsideración de todos los asuntos y, para ello, se requerían dos tercios de votos.

Y como se había hecho un argumento fundamental alrededor de la comisión de unificación, el presidente pidió a los autores de la moción aclararan el sentido de la misma, ya que en ella habían mezclado la reconsideración de la votación sobre el carácter de los delegados del comité central de tráficos y talleres y que era el mayor obstáculo para que se votase. Plazas y Alegría, entonces, declararon que su interés principal era la comisión de unificación y que retiraban lo referente a los ferroviarios. Ante este hecho, los delegados opositores a la reconsideración gritaron: ¡Ahí está la maniobra! ¡Ellos mismos lo han confesado!

Se pasa a votar no teniéndose en cuenta que era una reconsideración y resulta por la afirmativa 97 votos contra 95. En ese instante, habían llegado dos o tres delgados y habían votado confusos, motivando un nuevo alboroto. Por otro lado, entre los miembros del C.F. habían surgido disidencias, sobre el carácter de la votación, dando lugar a que solicitaran la palabra, para aclarar. González Maseda y Penelón sostenían nuestro punto de vista al respecto; pero muchos congresales y la barra —que era dueña de la situación en ese instante—, no quería dejar hablar a nadie. Se puso a votación si hablaba el consejo, y hablaron Marotta y Todaro, sosteniendo el primero que las reconsideraciones en el seno del consejo se habían resuelto siempre por simple mayoría, y el asegundo que se trataba de una rectificación. González Maseda dijo unas palabras aclarando su punto de vista, y cuando se adelantó Penelón para hablar, una gritería infernal por parte de la “histórica” barra, impidió que lo hiciera. Un argumento tonto para obrar de esta suerte fue el esgrimido por la barra: ¡Penelón, concejal! A lo cual contestó este compañero que lo era, efectivamente, pero que se ganaba el puchero lo mismo que los que vociferaban.

En este instante el congreso era deplorable y numerosos delegados se habían levantado <lé sus asientos para retirarse. Entonces, el. compañero Aiarotln. hizo uso ■do la palabra y dijo dirigiéndose a la barra — qué si bien había obreros eons- ■eicntes en ella, sospechaba que hubiera policía y que el congreso se vería obligudo a sesionar en lo sucesivo sin barra, l’oa parte de ésta interrumpe violen lamento al orador y, en vista le ello, el perisioc-nte levanta, la .cesión. 3 de lebrero. Sexto día,—Felizmente el ■día éste transcurrió >de sus asientos para retirarse. Entonces, el compañero Marotta hizo uso de la palabra y dijo —dirigiéndose a la barra— que si bien había obreros conscientes en ella, sospechaba que hubiera policía y que el congreso se vería obligado a sesionar en lo sucesivo sin barra. Una parte de ésta interrumpe violentamente al orador y, en vista de ello, el presidente levanta la sesión.  

3 de febrero. Sexto día.—Felizmente el día éste transcurrió en perfecto orden. Desde el comienzo de las sesiones se dejó entrever que todos venían animados de un propósito conciliador. Luego de hablar Penelón, el cual explicó su modo de ver sobre el asunto que había quedado pendiente, sosteniendo que la votación que se iba a realizar se trataba de una reconsideración, necesitando para ello dos tercios de votos como es práctica de asamblea, pues, de lo contrario, quitaría toda seriedad al congreso prestándose a que simples mayorías ocasionales se burlaran de un día para otro de cualquier resolución, hizo uso de la palabra Marotta, sosteniendo que se trataba de una rectificación. A la vez, González Maseda apoyó lo expuesto por Penelón. Y, a renglón seguido, se lee una moción de conciliación presentada a la mesa, la cual solicitaba se votara solamente la comisión de unificación obrera de entre los miembros de los cuatro sindicatos más importantes representados en el congreso, criterio que apoyó nuestra delegación por intermedio del compañero Greco, quien pronunció un discurso induciendo a los congresales a la armonía necesaria que debía reinar entre los mismos para llegar a feliz término el congreso, lamentando que hasta el presente no había podido hablar debido a los gritos, interrupciones y cierres del debate, pues, de lo contrario, quizá hubiera evitado algún contratiempo.

Puesta a votación la proposición, es apoyada por unanimidad, resultando electos para integrar la comisión pro unidad obrera: por la Federación Gráfica Bonaerense, Juan Greco (118 votos); por el Sindicato de Ebanistas, J.J de Pérez (82 votos); por los obreros ferroviarios, Josinsky (78 votos), y por los obreros municipales, Pérez Leirós (69 votos).

La comisión nombrada para estudiar el conflicto de los obreros molineros informa de lo resuelto y el congreso aprueba lo siguiente:

Emplazar al Molino del Río de la Plata para que en plazo de 24 horas entre en trámites de arreglo con la Federación Obrera Molinera y la Unión Profesionales Molineros, de acuerdo con los puntos originarios del conflicto.”

En la sesión de la tarde, luego de leerse una nota-protesta de los comités centrales de tráficos y talleres ferroviarios por la resolución del congreso sobre sus delegados, el resto del tiempo lo absorbió el nombramiento de comisiones, resultando electos para integrar la comisión de asuntos internacionales y orientación de la Federación O.R.A., entre otros delegados, nuestro camarada Juan Greco, y para la comisión de carta orgánica y acción de la Federación O.R.A., entre otros, Rugilo, de nuestra delegación.

4 de febrero. Séptimo día.— Una vez liquidadas algunas cuestiones incidentales, el delegado de los tabaqueros, Gratacós, funda una moción, firmada por varios, según la cual debía destinarse la sesión de la mañana del día sábado para que se expidiera y se discutiera el informe de la comisión de relaciones internacionales y orientación de la F.O.R.A.

De parte del C.F., habla Bartolo, el cual se opone a la indicación de orden en discusión, por cuanto —decía— el C.F. tenía sumo interés en que se discutiera su informe. Contestan a estos argumentos, entre otros delegados, de nuestra delegación, Rugilo, quien dice que habiendo voluntad podrían discutirse ambos asuntos, tanto más cuanto que al proponerse una sesión, restaban cinco para los demás, y que le extrañaba que a última hora el C.F. tuviera “sumo interés» en que se discutiera su informe, cuando los elementos adictos al mismo habían interrumpido constantemente las sesiones del congreso con cuestiones incidentales, confirmando así que no se quiere discutir las relaciones internacionales de la F.O.R.A. Habla Marotta ratificando lo dicho por Bartolo y a continuación se cierra el debate, no obstante lo cual quiere hablar Renoldi, de los ebanistas, provocando un incidente con la presidencia hasta que le permite hablar, quien sostuvo que debía discutirse el informe del C.F. con preferencia. Así se resuelve.

A indicación de varios delegados, el congreso resuelve, por unanimidad, invitar a que presencien las sesiones a la F.O.R.A. (comunista) y sindicatos autónomos.

Se pasa a tratar la Memoria y el Balance del C.F. y a indicación nuestra se aprueba en general. Habla a continuación Marotta, quien pronuncia un largo discurso en defensa del C.F., diciendo que en todo momento el consejo había estado sujeto a la carta orgánica de la F.O.R.A. y que su actividad en los dos años de actuación había sido múltiple, como podía apreciarse en la lectura de la Memoria.

Debemos dejar constancia que a esta altura del congreso el cansancio de los delegados era bien notorio; el deseo, por otra parte, de discutir las relaciones internacionales, orientación, carta orgánica y acción de la F.O.R.A., fueron, tal vez, causas que no se hicieran mayores objeciones a la Memoria, salvo dos capítulos: “Semana sangrienta” y “Huelga de Mendoza», que dieron lugar a largas discusiones, sobre todo el último.

Una proposición del delegado de los talabarteros de Tucumán para que se aprobara sin discusión la Memoria, es combatida reciamente por el secretario del C.F., compañero Marotta.

Se trata el capítulo «Semana sangrienta” y nuestra delegación, por intermedio de Rugilo, funda su voto de aprobación en un breve discurso, recordando los hechos que dieron margen a ella. Con este asunto transcurrieron cerca de tres horas y al final se aprueba, no sin antes haberse hecho manifestaciones en contra de la actitud del C.F. en esa emergencia, constenado la mayor parte de sus miembros a las objeciones.

Se interrumpe la discusión del informe con el arribo de dos delegados de la Federación O.R.A. (comunista), Goncálvez y Ferrer, secretario y subsecretario, respectivamente. Son invitados a hacer uso de la palabra y usa de ella Goncálvez, quien pronuncia un conceptuoso discurso en homenaje a la unidad obrera, concluyendo más o menos en la siguiente forma: “hay que echar en olvido las pasiones y los enconos que hasta ahora nos han separado; pasamos por un momento de peligro común todos los trabajadores sindicalmente organizados y necesitamos vincularnos estrechamente. Por estas razones y necesidades de la lucha, corresponde que de inmediato se realice una entente.” Fueron saludadas sus palabras con grandes aplausos de la barra y congresales. Senra Pacheco contestó en nombre del C.F., solidarizándose con las manifestaciones de Goncálvez, lo cual fue muy aplaudido.

Y haciéndose eco de las palabras de ambos oradores, el congreso resolvió, por unanimidad, que hasta la realización del congreso de unificación se realice una «entente” provisoria con la F.O.R.A. (comunista).

En la sesión de la noche, como cuestión previa, el congreso aprobó por unanimidad la siguiente resolución de solidaridad con los obreros marítimos:

«El XI congreso de la F.O.R.A., considerando la naturaleza de la prolongada y heroica lucha eminentemente solidaria que sostienen los trabajadores marítimos desde hace aproximadamente un año, estima necesario reafirmar su más amplia solidaridad con la Federación Obrera Marítima;

Que todos los trabajadores sindicalmente organizados del país deben manifestarse ampliamente solidarios, y desde ya disponerse a poner en acción todas sus fuerzas y energías para cooperar al triunfo de los marítimos sobre la empresa Nicolás Mihanovich Ltd.;

Que esta acción se realizaría en el mismo momento en que el gobierno pretendiese intervenir coercitiva y parcialmente en favor de la empresa capitalista;

Que la clase trabajadora organizada en la F.O.R.A. está en el deber ineludible de hacer un supremo esfuerzo solidario efectivo, tendiente a llevar a los camaradas marítimos su eficaz y rápida ayuda pecuniaria,—Resuelve:

Que todos los trabajadores de la Federación O.R.A. contribuyan con medio día de jornal para el fondo de resistencia de la Federación Obrera Marítima;

Que se aplique un riguroso boicot a los barcos de la empresa Mihanovich tripulados por crumiros, acudiendo a todos los medios que están al alcance de los trabajadores.

El resto de la sesión lo absorbió el asunto de Mendoza, en el cual el delegado de los viticultores de ésa, hizo una larga exposición objetiva alrededor del conflicto mendocino. Uno de los cargos principales que hizo al delegado que actuó en ese movimiento, Senra Pacheco, fue el haber prometido el apoyo de la F.O.R.A. a la Federación O.P. de Mendoza, y, como luego la huelga iba de mal en peor, retiró ese apoyo. Contestó a estas manifestaciones Senra Pacheco, quien habló hasta terminar la sesión, a las 21 horas, aclarando su conducta y la de la F.O.R.A. en aquella emergencia.

5 de febrero. Octavo y último día.— Toda la mañana transcurrió con la discusión del capítulo que había quedado pendiente. Sigue en el uso de la palabra Senra Pacheco, quien lo hace por espacio de hora y media, en cuyo transcurso se defiende en su actitud. A continuación vuelve a refutar Marsal, de los viticultores, leyendo un telegrama enviado por la F.O.R.A., según el cual prometía su apoyo solidario a la F.O.P. de Mendoza. Habla Pacheco nuevamente y luego se aprueba el informe por 72 votos; en contra 19, y abstenidos, 30 delegados.

En la sesión de la tarde, como asunto previo se propone y se pasa a votar el nuevo C.F. Todos los demás capítulos de la Memoria son aprobados siendo algunos con breve discusión. Y al llegar al “Pacto con la Federación agraria argentina”, Marotta explica el alcance del mismo, que según él, resultaba beneficioso para los trabaja

Se votó el capítulo y obtuvo 77 votos a favor y 20 por que pasara a estudio del nuevo C.F.

En la última sesión muchos delegados se habían ausentado, quedando en el recinto tan sólo 133 con carácter deliberativo y 8 consultivos.

El capítulo «Asuntos diversos”, tras breve discusión, se aprueba. En el «Informe económico”, Vengut, tesorero de la Federación O.R.A., amplió el mismo, trayendo a cuenta varias aclaraciones. Se refirió largamente al asuntó Semería, de quien lamentaba no se hallaba presente para llamarle ladrón cara a cara. Dijo que los trabajos que hizo el interventor para establecer con exactitud el monto de lo defraudado por el ex contador alcanzaba a pesos 5.941,17, documentos que leyó el empleado López. Agregó que lo había denunciado en la sección robos y hurtos, mas nada se ha podido hacer con él, pues se ha sabido que tiene un hermano agente de investigaciones y que el mismo Semería es empleado de la «A. N. del Trabajo”. El informe es aprobado y se da un voto de confianza a Vengut.

Faltando diez minutos para la terminación del congreso, tocaba expedir los informes de las distintas comisiones. Habla en primer término J. Greco por una parte de la comisión de asuntos internacionales y presenta su formal protesta por la actitud del congreso en haber impedido se discutiera su informe. Dice que tanto él como los miembros de la comisión que le acompañan en el despacho, consideran que la F.O.R.A., en este momento histórico, debe separarse de la Sindical de Ámsterdam t adherirse de inmediato a la Sindical Roja que llena por completo las aspiraciones del proletariado revolucionario. Pero, considera, además, que tratar un asunto de tal magnitud, ¡y a esta, altura del congreso dedicarle tan sólo 10 minutos de discusión, no es posible! Pues, aun tratándose, cualquier resolución que se tomara carecería de autoridad moral cuando la mayor parte de los delegados se habían retirado a su destino, dejando al congreso con una mínima representación.

Terminado que hubo su discurso, Greco, el cual fue muy aplaudido, informa Morales por la otra parte de la comisión, quien sostiene tan sólo que es partidario de que la F.O.R.A. se separe de Ámsterdam y permanezca autónoma. El congreso resuelve no tratar el asunto.

A continuación, Rugilo, en nombre de la comisión de carta orgánica, se solidariza con la mayoría de la comisión de asuntos internacionales en la protesta y declara que su informe lo tiene hecho, pero que no es posible tratarlo, pues son las 24 horas.

Debemos dejar constancia que esta comisión aceptó todos los puntos de vista sustentados por la delegación gráfica.

A renglón seguido, el compañero Briuolo informa que la comisión de escrutinio no ha podido terminar su labor y que el resultado de los nuevos miembros del C.F. electos, se daría a conocer por la prensa. Clausura luego el congreso con breves y acertadas palabras, que fueron recibidas con manifiesta simpatía por los presentes.

Sin más, saludamos cordialmente a los compañeros asociados.

Guillermo RUGILO — Juan GRECO — Miguel BRIUOLO

Fuente: «Informa de nuestros delegados al XI Congreso de la F.O.R.», en El Obrero Gráfico n° 112, febrero-marzo de 1921, pp. 5 y 6.

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