«La horca de la jubilación»

Artículo publicado en Bandera Proletaria n° 210, 11 de abril de 1925, pág. 1

Contra la sanción de la Ley de Jubilaciones

Toda la legislación es la cadena con que los regímenes sociales atan al pueblo y esclavizan al hombre.

Las formas distintas del poder usan de la ley, sin la cual la autoridad y el derecho nada significarían. La ley es la fuerza bárbara que esgrime la burguesía, no sólo para apuntalar su democracia, sino para esquilmar e impedir la adquisición de la conciencia subversiva, con la cual el proletariado llegará a la conquista de la libertad.

La Unión Sindical Argentina, como organismo revolucionario, se ha situado constantemente contra la ley, posición que acredita los altos postulados de su carta orgánica y cuando esto no ha sido posible al margen de la ley.

Conviene repetir, por lo tanto, que no protestamos por una ley, sino que protestamos contra el régimen entero de arriba para abajo, de abajo para arriba. Todo entero.

Una ley en el régimen no es nada. Sacada, por ejemplo, la ley social y la de residencia, hemos quedado como antes; sacada la ley de jubilaciones, quedaríamos también como antes: la misma explotación, el mismo capitalismo, la misma policía, idéntica república.

Sin embargo, embarcados en la relatividad de la vida, al surgir la ley de jubilaciones incurrimos contra ella, como símbolo de la sociedad presente. Protestamos contra ella, porque es una afirmación más del capitalismo contra el trabajo; protestamos contra ella por la enorme injusticia que encierra y protestamos contra ella porque en la vida material nos roba un pedazo más de pan, y por ser un robo, cuyo dinero ha de emplearse en los robos que los delincuentes de las clases superiores hacen al fisco.

La génesis de la Ley de Jubilaciones

La génesis de la ley jubilatoria está en lo siguiente: las finalizas del país están de tal manera embargadas por los continuos despilfarros de todas las administraciones que llegará un día en que los capitalistas no quieran hacer empréstitos por falta de garantía. Este proceso, lo van siguiendo todas las democracias en la crisis del capitalismo internacional.

Necesitando dinero el Estado, siendo él el más grande propietario, no puede sacarlo de la propiedad ni del privilegio; entonces va a quitárselo al trabajo y previo estudio largo y perseverante, produce la famosa ley de jubilaciones: el escamoteo más descomunal que se haya visto.

Por la ley, el trabajador no sólo pierde su libertad, sino que también su dinero. Su libertad (el escaso girón de libertad elemental, sin la cual la vida se hace imposible) muere bajo los preceptos legales y se esclaviza más al patrono, al Estado y capital.

Enfrascado en el afán jubilatorial, muchos indecisos se harán carneros y muchos firmes tornarán indecisos. El derecho a la huelga, derecho precario por cierto, pero que daba un pequeño aliento y alivio, ha sido suprimido.

El derecho a la huelga

Legalmente no se podía ir a la huelga años hace. Después de mucho batallar, el capital viendo que se le escapaba el movimiento sindical, legisló sobre él y concedió el derecho. Pero hoy siguiendo la vía reaccionaria de Alemania, España, Italia, rechaza públicamente toda tolerancia y prácticamente tiende a destruirlo por la traba legalísima.

La ley rompe, pues, el derecho a la protesta, atando al hombre más y más a la materialidad brutal de este mundo por medio del interés, por medio del dinero.

Todas las leyes son capitalistas, pero la de jubilaciones es más que todas. En nuestra sociedad (mejor dicho, en la sociedad de ellos), el trabajo produce todo, paga todo. En la ley de marras el fondo de jubilación se lo sustrae totalmente del jornal del trabajador.

Todo lo paga el obrero

No tocará para nada el sagrado propietario. El cinco por ciento se lo toman al trabajador; esto es: una sangría directa. Pero en el íntimo mecanismo (intercambio entre jornaleros y patronos) aunque el obrero quisiera aumentarse el precio de su trabajo, la miseria y el costo de la vida quedarían estables.

¿Acaso no han aumentado en un 100 % los jornales en los últimos 20 años? Sí. Pero también ha aumentado en un 115 % el costo de la vida. Así que se encuentran un 15 % más crítico. Es la ley del proceso del capitalismo, la que trae inusitablemente esta crisis que solamente ha de terminar con el hundimiento del régimen entero.

No se nos venga con que los trabajadores pueden pedir un aumento del 5 %, que los pagaría el patrón, pues es un cuento del tío, que no lo traga nadie.

El 5 % lo paga directamente (por la ley) el obrero.

El otro 5 % también lo paga el obrero indirectamente, puesto que el capital en todo negocio tiene una tasa fija de mínimo interés, y si no es así, por lo menos siempre tiende a sacar una tasa mayor de ganancias. Por lo tanto automáticamente se encarece la vida en un 5 %. Todos los artículos de primera necesidad y de todas las necesidades han sufrido un aumento, que paga el consumidor, la gran masa consumidora.

Es, pues, un impuesto de 10% sobre la masa trabajadora del país, (pues si algunos burgueses son tocados que se desprendan de ellos), sobre el salario total de los trabajadores de la república.

Hagamos números

Supongamos que existan en el país 1.600.000 trabajadores y 200.000 de jubilables, aunque es nuestro suponer. Los sueldos de estos son en promedio de $ 120. Total al año, $ 72. Al año también serían 144 millones de pesos. Después de cinco años son más de mil millones de pesos, que representan trabajo cristalizado, inutilizado por el Estado. Es posible que más, por el aumento de la población del país.

¿En qué se van a invertir estas sumas fabulosas de dinero? En armamentos. En el crimen de la guerra, porque la guerra es también la preparación de la guerra.

Hace poco, los banqueros extranjeros negaron dinero al Ejecutivo para armamentos. Con la ley de jubilaciones no hay necesidad de banqueros extraños, el dinero se lo toma coercitivamente del pueblo. Se trata de un asalto que ha realizado un bandido: el Estado, a un buen hombre, Juan Pueblo, arrebatándole la bolsa…

Los armamentos implican un negocio para las comisiones que los comprarán, un negocio para los que venden “fierros viejos” en Europa y un despilfarro inútil de grandes cantidades de dinero para nosotros.

La ley establece que los recursos provenientes de la misma tienen que ser empleados en títulos y fondos públicos. Esta es una fuente maravillosa para los gobiernos. Tendrán dinero para muchos años. Tendrán dinero para campañas electorales, para favorecer a los correligionarios, para chanchullos y porquerías. En cambio emitirán papeles, títulos asignados sin ningún valor y que con el tiempo llegarán a ser como el marco o la corona.

Ahora bien; esos títulos se pagarán, ¿por qué? Porque el Estado siempre irá endeudándose y crecerán los intereses, aumentará la grandísima deuda externa y aquellos se desvalorizarán porque se desvaloriza su garantía.

En caso de guerra

Puede suceder también el caso de una guerra. Entonces, todo se habrá perdido, pues el gobierno usará de dinero, títulos y demás leña que aumentará el fuego.

Si nos fijamos cómo han quedado los jubilados y pensionados en los países que anduvieron en guerra: Francia, Alemania, Inglaterra, se podrá deducir los beneficios de la jubilación en estos países, las pensiones no les alcanzan para comprar cigarrillos, y los pensionados y jubilados tienen que pedir limosna para vivir.

Otro aspecto no menos odioso de la ley es la acción de un inmenso burocratismo.

La máquina estatal se agiganta, se le aumentan ruedas y engranajes, hasta hacerla un monstruo. ¿Cuántos empleados se necesitarán al cabo de 10 años? Creemos que más de 18.000. ¡Diez y ocho mil empleados más!

¡Qué venero para los partidos, para los comités! Si así vamos, el país se convertirá en un país de parásitos improductivos.

Diez y ocho mil sueldos nuevos que pagará el trabajador.

Ya no sólo hay que alimentar al burgués, sino también al aliado del burgués, al apéndice atrofiado e inútil.

¡Nunca se vio ley más desgraciada que ésta!

¡Jamás se puso en práctica semejante iniquidad!

Solamente puede compararse con la creación de la Defensa Agrícola, institución que de por sí es más plaga que la langosta. La creación de la Caja de Jubilaciones colma la medida.

Por intermedio de esta ley que significa cuanto significaban las leyes antiguas de excepción, el trabajador se entrega atado de pies y manos al Estado: el perro guardián de la propiedad capitalista.

Los trabajadores la rechazaron el pasado año. Fueron a la huelga el 3 de Mayo de 1924 para protestar vivamente contra su promulgación.

Hoy, en abril de 1925, de nuevo se preparan apuestos y decisivos para una lucha violenta, si es que las circunstancias lo exigen. ¡A las filas sindicales, trabajadores de todos los ideales! ¡A organizarse para resistir mejor y combatir más fuerte la reacción más terrible del siglo!

¡A la unión, camaradas, para romper las cadenas de una ley oprobiosa!

La Central Sindical del país se prepara para una nueva lucha.

A trabajar, pues, tesoneramente, trabajadores conscientes.

¡Contra la ley reaccionaria!

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