Mensaje de la A.I.T a Abraham Lincoln (1864)

Este Mensaje, enviado al presidente de los Estados Unidos a raíz de su reelección, fue redactado por C. Marx en noviembre de 1864, de acuerdo a una resolución del Consejo de la AIT en su reunión del 22 de noviembre y aprobado en la reunión del 29 del mismo mes.

El texto fue enviado al presidente Lincoln a través de Adams, el enviado estadounidense a Londres. El 28 de enero de 1865, el Consejo recibió una respuesta a nombre de Lincoln que fue leída en la reunión del Consejo el 31 de enero y publicada en The Bee-Hive Newspaper el 4 de febrero de 1865 y The Times el 6 de febrero de 1865. Como Marx escribió a Wilhelm Liebknecht, en febrero de 1865, de todas las respuestas de Lincoln a las felicitaciones que había recibido, solo la de la Asociación Internacional de Trabajadores no fue «simplemente un acuse de recibo formal».

Este mensaje se publicó por primera vez en The Daily News, No. 5813, 23 de diciembre de 1864 y luego en The Miner and Workman’s Advocate, No. 95, 24 de diciembre de 1864, Reynolds’s Newspaper, No. 750, 25 de diciembre de 1864, The Bee-Hive Newspaper, No. 169, 7 de enero de 1865 y en los periódicos alemanes Der Social-Demokrat, No. 3, suplemento, 30 de diciembre de 1864, Berliner Reform, No. 4, 5 de enero de 1865 y Hermann, No 314, 7 de enero de 1865. También se incluyó en el libro Life of Abraham Lincoln, Nueva York, 1865. 

La traducción en español más difundida es la publicada en las Obras Escogidas de Marx y Engels, por Editorial Progreso de Moscú, cuya primera edición es de 1973, y luego tuvo varias reediciones.

A Abraham Lincoln, Presidente de los Estados Unidos de América [1]

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Escrito por C. Marx entre el 22 y el 29 de noviembre de 1864. Publicado en The Bee-Hive Newspaper, núm. 169, del 7 de enero de 1865. Se publica de acuerdo con el texto del periódico.

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Muy señor mío:

Saludamos al pueblo americano con motivo de la reelección de Ud. por una gran mayoría.

Si bien la consigna moderada de su primera elección era la resistencia frente al poderío de los esclavistas, el triunfante grito de guerra de su reelección es: ¡muera el esclavismo!

Desde el comienzo de la titánica batalla en América, los obreros de Europa han sentido instintivamente que los destinos de su clase estaban ligados a la bandera estrellada. ¿Acaso la lucha por los territorios que dio comienzo a esta dura epopeya no debía decidir si el suelo virgen de los infinitos espacios sería ofrecido al trabajo del colono o deshonrado por el paso del capataz de esclavos?

Cuando la oligarquía de 300.000 esclavistas se atrevió por vez primera en los anales del mundo a escribir la palabra «esclavitud» en la bandera de una rebelión armada, cuando en los mismos lugares en que había nacido por primera vez, hace cerca de cien años, la idea de una gran República Democrática, en que había sido proclamada la primera Declaración de los Derechos del Hombre [2] y se había dado el primer impulso a la revolución europea del siglo XVIII, cuando, en esos mismos lugares, la contrarrevolución se vanagloriaba con invariable perseverancia de haber acabado con las «ideas reinantes en los tiempos de la creación de la constitución precedente», declarando que «la esclavitud era una institución caritativa, la única solución, en realidad, del gran problema de las relaciones entre el capital y el trabajo», y proclamaba cínicamente el derecho de propiedad sobre el hombre «piedra angular del nuevo edificio»[3], la clase trabajadora de Europa comprendió de golpe, ya antes de que la intercesión fanática de las clases superiores en favor de los aristócratas confederados le sirviese de siniestra advertencia, que la rebelión de los esclavistas sonaría como rebato para la cruzada general de la propiedad contra el trabajo y que los destinos de los trabajadores, sus esperanzas en el porvenir e incluso sus conquistas pasadas se ponían en tela de juicio en esa grandiosa guerra del otro lado del Atlántico. Por eso la clase obrera soportó por doquier pacientemente las privaciones a que le había condenado la crisis del algodón [3], se opuso con entusiasmo a la intervención en favor del esclavismo que reclamaban enérgicamente los potentados, y en la mayoría de los países de Europa derramó su parte de sangre por la causa justa.

Mientras los trabajadores, la auténtica fuerza política del Norte, permitían a la esclavitud denigrar su propia república, mientras ante el negro, al que compraban y vendían, sin preguntar su asenso, se pavoneaban del alto privilegio que tenía el obrero blanco de poder venderse a sí mismo y de elegirse el amo, no estaban en condiciones de lograr la verdadera libertad del trabajo ni de prestar apoyo a sus hermanos europeos en la lucha por la emancipación; pero ese obstáculo en el camino del progreso ha sido barrido por la marea sangrienta de la guerra civil [4].

Los obreros de Europa tienen la firme convicción de que, del mismo modo que la guerra de la Independencia [5] en América ha dado comienzo a una nueva era de la dominación de la burguesía, la guerra americana contra el esclavismo inaugurará la era de la dominación de la clase obrera. Ellos ven el presagio de esa época venidera en que a Abraham Lincoln, hijo honrado de la clase obrera, le ha tocado la misión de llevar a su país a través de los combates sin precedente por la liberación de una raza esclavizada y la reconstrucción de un mundo social.

Firmado en nombre de la Asociación Internacional de Trabajadores

El consejo central

Le Lubez, Secretario correspondiente para Francia, F. Rybczinsky (Polaco), Emile Holtorp (Polaco), J.B. Bocquet, H. Jung, Secretario correspondiente de Suiza; Morisot, Georgy W. Wheeler, J. Denoual, P. Bordage, Leroux, Talandier, Jourdain, Dupont, R. Gray, D. Lama, Setacci, F. Solustri, P. Aldovrandi, D.G. Bagnagatti, G.P. Fontana, Secretario correspondiente de Italia; G. Lake, J. Buckley, G. Howell, J. Osborne, J.D. Stainsby, J. Grossmith, G. Eccarius, Friedrich Lessner, L. Wolff, K. Kaub, Henry Bolleter, Ludwig Otto, N.P. Hansen (Danés), Karl Pfänder, Georg Lochner, Peter Petersen, Karl Marx, Secretario correspondiente para Alemania, A. Dick, J. Wolff, J. Whitlock, J. Carter, W. Morgan, William Dell, John Weston, Peter Fox, Robert Shaw, John H. Longmaid, Robert Henry Side, William C. Worley, Blackmoor W.R. Hartwell, W. Pidgeon, B. Lucraft, J. Nieass. [The Bee-Hive Newspaper and The Miner and Workman’s Advocate agregan «Nusperli, Schantzenbach, Smales, Cornelius».]

G. Odger, Presidente del Consejo,

William R. Cremer, Secretario General Honorario

«18, Greek Street, Soho».

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NOTAS

[1] El Mensaje de la Asociación Internacional de Trabajadores a A. Lincoln, Presidente de los EE.UU., con motivo de su segunda elección al cargo de Presidente, fue escrito por Marx de acuerdo con la decisión del Consejo General. En el momento más álgido de la guerra civil de los EE.UU., este Mensaje tuvo mucha significación. Subrayaba la importancia de la guerra contra la esclavitud en América para los destinos de todo el proletariado internacional.

Al apoyar todo movimiento progresista y democrático, Marx y Engels inculcaban al proletariado y sus líderes de vanguardia en la Internacional una actitud verdaderamente internacionalista ante la lucha de los pueblos oprimidos por su emancipación.

[2] Trátase de la Declaración de la independencia adoptada el 4 de julio de 1776, en el Congreso de Filadelfia, por los delegados de 13 colonias inglesas en América del Norte. Se proclama en ella que las colonias norteamericanas se separan de Inglaterra para constituir una república independiente: los Estados Unidos de América. En dicho documento se formulan principios democrático-burgueses, como la libertad del individuo, la igualdad de los ciudadanos ante la ley, la soberanía del pueblo, etc. Sin embargo, la burguesía y los grandes plantadores norteamericanos vulneraban desde el comienzo los derechos democráticos proclamados en la Declaración, apartaban a las masas populares de la participación en la vida política y conservaron la esclavitud. Los negros, que formaban una parte considerable de la población de la república, quedaron privados de los derechos humanos elementales.

[3] Del discurso de A. Stephens, uno de los principales propietarios de esclavos del sur, hecho en Savannah el 21 de marzo de 1861. Véase el informe en el New-York Daily Tribune, No. 6215, 27 de marzo de 1861.— Ed.

[3] La crisis del algodón fue provocada por el cese de los envíos de algodón desde América por causa del bloqueo de los Estados esclavistas meridionales por la flota del Norte durante la guerra civil. Una gran parte de la industria de tejidos de algodón de Europa estuvo paralizada, lo cual repercutió gravemente en la situación de los obreros. Pese a todas las privaciones, el proletariado europeo apoyaba resueltamente a los Estados del Norte.

[4] La guerra civil de Norteamérica (1861-1865) se libró entre los Estados industriales del Norte y los sublevados Estados esclavistas del Sur. La clase obrera se Inglaterra se opuso a la política de la burguesía nacional, que apoyaba a los plantadores esclavistas, e impidió con su acción la intervención de Inglaterra en esa contienda.

[5] La guerra de la Independencia de las colonias norteamericanas de Inglaterra (1775-1783) contra la dominación inglesa debió su origen a la aspiración de la joven nación burguesa norteamericana a la independencia y a la supresión de los obstáculos que impedían el desarrollo del capitalismo. Como resultado de la victoria de los norteamericanos se formó un Estado burgués independiente: los Estados Unidos de América.

Otra versión es la publicada en el libro Marx-Engels. La guerra civil en los Estados Unidos. México: Ediciones Roca, 1973 (el mismo año la editorial Abraxas lo editó en Buenos Aires bajo el título Marx y Engels. La sociedad norteamericana) que era una traducción de la obra de Roger Dangeville La Guerre civile aux États-Unis (1861-1865), París: UGE, 1970.

La particularidad es que Dangeville tradujo el Mensaje a Lincoln del texto en alemán publicado en Der Social-Demokrat del 30 de diciembre de 1864. Además contiene la contestación de Lincoln a través de su delegado en Londres.

A Abraham Lincoln, presidente de los Estados Unidos de América. 

Der Social-Demokrat

30/12/64

Señor:

Cumplimentamos al pueblo americano en ocasión de vuestra reelección por una fuerte mayoría. [1]

Si la resistencia al poder de los esclavistas fue la moderada consigna de su primera elección, el grito de guerra triunfal de vuestra reelección es: ¡muerte a la esclavitud!

Desde el comienzo de la titánica lucha que sostiene América, los obreros de Europa sienten instintivamente que la suerte de su clase depende de la bandera estrellada. La lucha por los territorios que inaugura la terrible epopeya, ¿no debía decidir si la tierra virgen de zonas inmensas debía ser fecundada por el trabajo del emigrante, o manchada por el látigo del guardián de esclavos?

Cuando la oligarquía de los trescientos mil esclavistas osa, por primera vez en los anales del mundo, inscribir la palabra esclavitud en la bandera de la rebelión armada; cuando en el lugar mismo donde, un siglo antes, nació la idea de una gran república democrática al mismo tiempo que la primera declaración de los derechos del hombre, que juntas darían el primer impulso a la revolución europea del siglo XVIII –cuando en este lugar se glorifica la contrarrevolución, con una violenta sistemática, de echar por tierra “las ideas dominantes de la época de formación de la vieja Constitución” y se presenta “la esclavitud como una institución benéfica, hasta como la única solución al gran problema de las relaciones entre trabajo y capital”, proclamando cínicamente que el derecho de propiedad sobre el hombre representa la piedra angular del nuevo edificio [2] entonces las clases obreras de Europa comprenden enseguida, aun antes que la adhesión fanática de las clases superiores a la causa de los confederados las hubiera prevenido, que la rebelión de los esclavistas era el llamado a una cruzada general de la propiedad contra el trabajo y que para los hombres de trabajo el combate de gigante librado del otro lado del Atlántico no solo ponía en juego sus esperanzas en el futuro sino también sus conquistas pasadas. Por ello, soportaron siempre con paciencia los sufrimientos que les impuso la crisis del algodón [3] y se opusieron con vigor a la intervención en favor de la esclavitud que preparaban las clases superiores y “cultivadas”, y un poco en toda Europa contribuyeron con su sangre a la buena causa.

Tanto como los trabajadores, el verdadero poder político del Norte permitió a la esclavitud manchar su propia República; en tanto que aquellos se glorificaban de gozar -en relación a los negros que tenían un amo y eran vendidos sin ser consultados- del privilegio de ser libres de venderse por sí mismos y de elegir su patrón, fueron incapaces de combatir por la verdadera emancipación del trabajo o de apoyar la lucha emancipadora de sus hermanos europeos.

Los obreros de Europa están convencidos de que si la guerra de Independencia americana ha inaugurado la nueva época de expansión de las clases burguesas, la guerra antiesclavista americana inaugura la nueva época del ascenso de las clases obreras. Consideran como anuncio de la nueva era que la suerte haya designado a Abraham Lincoln, el enérgico y valiente hijo de la clase trabajadora, para conducir a su país en la lucha sin igual por la liberación de una raza encadenada y por la reconstrucción de un mundo social.

Firmado en nombre de la Asociación internacional de trabajadores por el Consejo Central.

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NOTAS

[1] Sería evidentemente abusivo extender este elogio de Marx a todos los presidentes de los Estados Unidos. Marx trata, en efecto, de felicitar a Lincoln por su acción antiesclavista, que permite pasar de la primera parte de la guerra civil (plan constitucional de la salvaguarda de la Unión) al plan revolucionario para la abolición de la esclavitud de los negros.

[2] Cf. discurso de Bright el 18/12/1862, en Birmingham.

[3] En Inglaterra ninguna clase sufrió más las consecuencias de la crisis algodonera que el proletariado.

Para los obreros ingleses, especialmente para los que trabajaban en la industria textil, la penuria textil significó el paro, y en el mejor de los casos el paro parcial. En 1862, las tres quintas partes de la industria textil en Inglaterra, estaba detenida, y el setenta y cinco por ciento de los obreros textiles se vieron sin trabajo en un paro que duró más de dos años. Por ejemplo, en Stockport, seis mil asalariados estaban sin trabajo, otros seis mil trabajaban parcialmente y cinco mil trabajaban la jornada completa. En noviembre de 1862, el 35% de la población de Glossopp era asistida o vivía de la caridad pública.

* * *

Respuesta del embajador americano a la AIT. [1] 

Times, 6 de febrero de 1865

Señor:

Hace algunas semanas, el Consejo Central de la Asociación arriba nombrada ha enviado al señor Lincoln un mensaje de felicitación. Este mensaje fue transmitido por el canal de la legación de los Estados Unidos, y encontrará adjunta la respuesta que le llegó. Le quedaré reconocido por su publicación.

Con mis respetos,

                                                         W. R. Cremer

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Legación de los Estados Unidos

                                                            Londres, 31 de enero

Señor:

Me piden que le informe que el Presidente de los Estados Unidos ha recibido el mensaje del Consejo Central de vuestra Asociación, transmitido por nuestra Legación. En la medida en que los sentimientos que allí se expresan tienen un carácter personal, los acepta, anhelando sinceramente y de todo corazón poder mostrarse digno de la confianza que sus conciudadanos y tantos amigos de la humanidad y del progreso de todo el mundo le han concedido recientemente. El gobierno de los Estados Unidos se da perfectamente cuenta que su política no es ni podría ser reaccionaria, pero, al mismo tiempo, se mantiene en la línea que adoptó al comienzo, es decir, se abstiene en general de una política expansionista y de intervenciones ilegales. Se esfuerza por dar una exacta e idéntica justicia a todos los Estados y a todos los hombres, y cuenta con los resultados benéficos de este esfuerzo para ser sostenido internamente y gozar del respeto y de la buena voluntad del mundo. Las naciones no existen para sí mismas, sino para promover el bienestar y la felicidad de la humanidad, manteniendo relaciones ejemplares de buena voluntad. En este marco, los Estados Unidos consideran que en el conflicto actual contra los rebeldes esclavistas, su causa es la de la naturaleza humana, y consiguen nuevo aliento para perseverar en ella, del testimonio que le ofrecen los obreros de Europa, mostrando que esta actitud nacional goza de su aprobación esclarecida y de sus verdaderas simpatías.

Tengo el honor de considerarme, señor, su humilde servidor,

Charles Francis Adams

M.W.R. Cremer, secretario general honorario de la Asociación Internacional de Trabajadores, 18, Greek Street, W.

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[1] A propósito de la reacción de Marx a la respuesta de Lincoln, ver Marx a Engels de 6 a 10 de febrero de 1865. Marx se muestra visiblemente satisfecho porque Lincoln haya sido sensible al apoyo dado a las fuerzas revolucionarias americanas por las clases obreras inglesas y Marx y Engels. Se sabe que Lassalle, gran agitador político, no se interesó nada por la guerra civil americana (y Marx lo señala en su carta del 10 de febrero de 1865). Es característico del método marxista que el interés lo dirige, no al éxito popular inmediato, sino a los acontecimientos fundamentales y revolucionarios que influyen la evolución social general, tratando de intervenir prácticamente con las fuerzas disponibles cada vez.

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Estos documentos se publican en pp.181-184 de la edición argentina, y pp. 147-154, t. 2, de la edición mexicana.

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