Paz y Guerra

                                               [1887]

[Publicado en Le Socialiste]

El Sozial Demokrat, de Zúrich, ha publicado, bajo el título La diplomacia en busca de una guerra, y la democracia socialista, un excelente artículo que comienza así:

El Estado burgués clerico-feudal juzga necesario emprender de vez en cuando alguna pequeña guerra. Los dueños de hoy toman como pretexto para estas guerras intereses nacionales más o menos reales o imaginarios. El papel de la diplomacia es el de hacer que los pueblos acepten tales guerras, encubriendo los verdaderos motivos de ellas, que nada tienen que ver con los intereses populares y únicamente interesan a las gentes que se encuentran en el Poder. Ya porque los gobernantes quieran encubrir bajo la gloria militar su mala administración interior; bien tengan por objeto retardar la toma de posesión del Poder político por el Proletariado; ya porque su ambición personal los impela, como en las épocas bárbaras, a brutales conquistas, o bien porque les baste la guerra por la guerra, las grandes maniobras en tiempo de paz se hacen demasiado insulsas; es necesario poner en plena actividad el gran aparato militar para demostrar su necesidad a las masas. Esta es la historia de todas las guerras modernas.»

Después de pasar revista a los diversos campos de batalla del siglo XIX y de explicar cómo sin la guerra de 1870-71 y el robo de Alsacia-Lorena, Alemania hubiera realizado su unidad nacional, el órgano de los socialistas del lado allá de los Vosgos concluye de la siguiente manera:

En todos estos conflictos, el pueblo figura solamente como víctima; él es el que, en provecho exclusivo de sus dueños, derrama a torrentes su sangre y su dinero. Es, pues, indispensable que los trabajadores de todas las naciones, y principalmente los de Francia y de Alemania, se opongan con todas sus fuerzas a un juego cuyos gastos soportan por entero.

Trabajadores de Francia y de Alemania, que sufrís bajo el mismo yugo capitalista, elevad juntos la voz y protestad contra los odios que se quiere hacer resucitar entre nosotros. Protestad contra los patriotas de ambos lados de la frontera; declarad que la política de conquista, que os precipita a unos sobre otros, no puede ser la vuestra y que ningún pueblo ni provincia alguna podrán jamás ser anexionados por la fuerza de las armas. La Alsacia-Lorena no ha de ser manzana de discordia entre el Proletariado francés y el Proletariado alemán.

Los trabajadores de los dos países deben obligar a sus gobernantes, por su intervención y por su número, a mantener la paz entre las dos naciones.

Toda guerra entre nosotros daría por fatal resultado el retardar el advenimiento del socialismo y el de fortificar a nuestro común enemigo, el capitalismo, y debilitaría, sangraría al partido revolucionario en vías de formación.

Es necesario, asimismo, que nos opongamos—y esto por las mismas razones—a una guerra con Rusia, cuya revolución social elaborada, así como en Alemania y en Francia, emanciparía al mismo tiempo a la población conquistadora y a las poblaciones conquistadas.

Cuanto más se esfuercen los diplomáticos de la burguesía gubernamental en precipitar a los pueblos unos contra otros, los trabajadores deben fraternizar con mayor entusiasmo sin distinción de nacionalidades.

¡Trabajadores de todos los países, uníos! Prestad a vuestra voz el clamor de la trompeta, y que los déspotas de todo orden, lo mismo político que económico, tiemblen de pavor.

Ha llegado la hora de que los proletarios de todas partes se apoderen del Gobierno, organicen el nuevo orden social y establezcan la verdadera fraternidad de los hombres, de las naciones y de las razas.»

Los socialistas franceses se honran adhiriéndose y respondiendo a la excitación de los socialistas del lado allá de los Vosgos.

Hermanos de Alemania, que habéis denunciado, poniendo así en peligro vuestra libertad la anexión a tiros de Alsacia-Lorena, podéis contar con el partido de la Commune resucitada y en víspera de desquite, para secundar vuestros esfuerzos. Poned un bozal a vuestro Moltke, que nosotros se lo pondremos a nuestro Boulanger.

Se puede armar en los cuarteles de la república burguesa como en los del imperio de los Hohenzollern. Pero estas armas, mediante las cuales se trata de conseguir que nos asesinemos mutuamente, no dispararán.

O dispararán sobre los que cometan la imprudencia de dar la voz de fuego.

Como admirablemente decís, la Alsacia-Lorena, lejos de dividirnos, no hace sino unirnos, pues la supresión de las fronteras, que se halla en vuestro programa como en el nuestro, debe transformar en lazo de unión entre los dos Proletariados vencedores a nuestros hermanos alsaciano-loreneses.

En nombre del Partido Obrero Francés, Le Socialiste se une al Sozial Demokrat para exclamar a un tiempo: »¡Paz y unión entre los asalariados de todos los países! ¡Guerra, y guerra a muerte, contra nuestros explotadores nacionales e internacionales!

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