Proclama del Partido Laborista (14/12/1945)

Leída en el acto realizado en la Plaza de la República el 14 de diciembre de 1945.

Al Pueblo de la Nación Argentina

El Partido Laborista, de reciente constitución, cree necesario dirigirse al PUEBLO DE LA REPÚBLICA, para hacer conocer las razones fundamentales que originaron la creación de este movimiento, que intenta renovar las prácticas cívicas del país, munido de nuevas ideas y con un vasto programa de contenido orgánico.

No es un movimiento más de carácter circunstancial, sino que surge al influjo de las nuevas inquietudes que preocupan al mundo actual, vinculándose en el orden internacional a las corrientes progresistas que con un nuevo espíritu intentan construir un mundo mejor en el que reine la JUSTICIA y en donde las palabras IGUALDAD, LIBERTAD Y FRATERNIDAD no sean meros entes verbales, sino hermosas realidades. No constituye, como vanamente lo han intentado desvirtuar las fuerzas retrógradas, un movimiento de reacción, sino un anhelo de renovación, donde la soberanía popular sea una realidad, donde el pueblo injustamente olvidado ocupe el lugar que históricamente le corresponde dentro de la verdadera organización democrática, donde su voluntad sea respetada y su influjo sea fundamental en la solución de los problemas esenciales del país.

Movimiento eminentemente democrático, eleva a la clase obrera al plano político, en cuyo terreno velará por sus reivindicaciones gremiales y realizará la obra de elevar su nivel material y moral. Pero, no es un movimiento de resentimientos, sino que acoge en sus filas a todos aquellos industriales, agricultores, estudiantes, profesionales y todos los hombres y mujeres con ansia de superación. Sueña con una mayor justicia y con una ARGENTINA que esté de acuerdo con lo que soñaron nuestros grandes CONSTRUCTORES.

Comprenda el pueblo la hora intensa que vive el país; comprenda que las horas actuales son de decisión y lo que él haga significará su felicidad o su desgracia y de las generaciones futuras. Comprenda que los viejos moldes, en los cuales se encuadran los partidos tradicionales, ya no responden a las necesidades actuales y que el vago juego de las palabras no puede conducir al pueblo de la República por los derroteros que su destino le señala.

La apatía cívica que hemos visto durante la década última, prueba que la ciudadanía comprendía que quienes debían, por razones institucionales, canalizar las corrientes de opinión pública, no cumplían con su mandato. Los Partidos Políticos, son los organismos fundamentales en toda verdadera democracia. Cuando su misión queda sin cumplir, no hay que reaccionar contra la democracia, como lo han hecho los reaccionarios de todos los tiempos y los de la hora actual, sino que es necesario que surja una nueva fuerza histórica que, representando el sentir colectivo, aporte a la vida política la renovación fundamental de ideas y de valores.

El LABORISMO, cuya constitución reciente deja amplia posibilidad para la selección de quienes auténticamente deban surgir, pretende responder a esta responsabilidad de la vida ciudadana y, como todo movimiento joven, se lanza a la conquista del pueblo Argentino, con la íntima convicción de que sus anhelos e inquietudes, no son los de un solo grupo de hombres, sino el sentir de todo un pueblo.

Toda verdadera democracia supone el ejercicio real de los derechos inherentes a cada uno de los ciudadanos del país; que el sufragio sea la expresión del sentir colectivo y no el resultado de la presión o las promesas electorales; que la democracia no signifique la existencia de los derechos políticos dentro de la minoría económica, que coacciona y denigra; que las fuerzas que han entorpecido, por espacio de años y años, el progreso económico del país, pierdan toda su influencia; que las prácticas administrativas, sean verdaderamente depuradas; que la función pública no sea una prebenda, sino que esté aureolada con un sentido de sacrificio y dedicación al interés colectivo.

Retomamos la senda de quienes, un día, aparecieron representando ese sentir general y que luego olvidaron su vocación histórica; no predicamos ninguna clase de odios, ni nos embanderamos en movimientos que nieguen los principios fundamentales que ya forman parte del acervo de nuestro pueblo, y que sólo la voluntad de la mayoría gobierne en forma definitiva al país. No participamos del criterio de aquellos que predican rencores, ni tampoco creemos en la conversión de quienes, con su acción o su silencio, vejaron la ciudadanía. Sabemos perfectamente que el pueblo no olvida y que a pesar del poco tiempo transcurrido ya ha dado su juicio lapidario. Tampoco somos los que en base a una doctrina u otra, moldean su actitud a determinadas circunstancias, sino que comprendemos que nuestro pueblo viril sólo puede estar al servicio de ideales firmes y definidos.

Nuestra DECLARACION DE PRINCIPIOS, nuestra CARTA ORGÁNICA y nuestro PROGRAMA son claros. Que los defienda el que auténticamente los comprenda y los sienta.

El PARTIDO LABORISTA, expresión de lucha por los más claros ideales de libertad, democracia y justicia social, será el intérprete de los más sanos sentidos de la ciudadanía. De nada valdrán la mentira y la calumnia. Sabemos perfectamente que los grandes movimientos de opinión que definen las etapas trascendentales en la vida de los pueblos, muchas veces chocan con el interés de quienes usufructúan de su situación de dominio o de los débiles que fluctúan sin decidirse. Pero hoy creemos que la ciudadanía está alerta y comprende que se está decidiendo su destino.

Comprenda el PUEBLO DE LA REPÚBLICA nuestro sentir, que nosotros, serenos, aguardamos su veredicto.

Diciembre 1945.

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