Resolución de la Internacional Comunista sobre la crisis del P.C.A. (1928)

I. Las transformaciones sobrevenidas en la estructura económica y social y en la situación política interior e internacional de la Argentina, que el secretariado del Ejecutivo analiza especialmente en una carta-comentario de la presente resolución, han planteado a nuestro partido una serie de cuestiones políticas y de tareas importantes respecto de las cuales han surgido divergencias en el seno del Comité Central, que han degenerado rápidamente en lucha fraccionista aguda y concluido en la escisión del Partido.

El Partido Comunista Argentino, para estudiar y resolver esos problemas y desarrollar su actividad política, poseía formas de organización patriarcales y métodos de trabajo individuales que no correspondían más a las tareas nuevas y al desenvolvimiento de influencia del Partido. El Comité Central del Partido, mal grado sus esfuerzos tendientes a la colectivización del trabajo, no trabajaba como un órgano de dirección colectiva que estudia y resuelve los problemas. La influencia personal de algunos camaradas de la dirección que liquidaban las cuestiones en la época en que el Partido era un pequeño grupo de propaganda, no había hecho lugar a una dirección colectiva, a una estrecha ligazón del Comité Central con las organizaciones de base para desarrollar la discusión de las cuestiones políticas.

La contradicción entre los métodos de trabajo y de organización y las tareas del Partido han contribuido a hacer degenerar la discusión política en una lucha fraccionista.

Como surgieron cuestiones esenciales para la actividad del Partido, el C.C. paralizado en su función de dirección por la influencia personal desmesurada de alguno de sus miembros y temiendo la explosión de una crisis en el interior del Partido, no las discutió ni las liquidó como debía hacerlo el órgano de dirección de un partido comunista.

II. La discusión que se promovió y renovó en el seno del C.C. sobre una serie de cuestiones durante la mayor parte del año 1927, sin llegar a una solución, prueba que existían en la dirección del Partido desviaciones oportunistas netamente expresadas y representadas por el compañero Penelón y la minoría del C.C. La mayoría del C.C. ha tenido absolutamente razón de combatir esas desviaciones oportunistas, pero no siempre ha sabido oponer a la línea oportunista de Penelón una línea revolucionaria consecuente y justa. Es por lo cual que el Presidium juzga necesario subrayar cuáles fueron las debilidades del Partido, para que el Partido las corrija y prosiga en el provenir una política más justa.

a) Los peligros de Guerra

La falta esencial del conjunto del C.C. durante este período fue de desvalorizar la importancia del movimiento antiimperialista de los pueblos de la América Latina en la situación internacional actual y más particularmente en la lucha contra la guerra. Esta subestimación ha dejado a los elementos excluidos del partido la iniciativa de la creación y de la dirección de la Liga Antimperialista en la Argentina y permitió su utilización en una organización sectaria hostil al Partido Comunista.

El C.C. en su campaña contra la guerra, no ha conducido con suficiente fuerza la lucha de denunciación de la actitud social-patriota y social-traidora de la social-democracia. La lucha contra los peligros de guerra no sabría ser seria y realmente revolucionaria si ella no tiene como condición necesaria la lucha más encarnizada contra la función de la social-democracia.

Independiente de estas faltas esenciales del conjunto del C.C. el Presidium estima que la minoría del C.C. ha reducido la gravedad de los peligros de guerra de los estados imperialistas contra la U.R.S.S. y contra los países coloniales en lucha revolucionaria antiimperialista; que ella ha subestimado la función de sostén que la burguesía de la Argentina desempeñará al lado de los estados imperialistas en esa guerra; que ella la subestimado las posibilidades de acciones eficaces contra los estados imperialistas de parte del proletariado y de las masas trabajadoras de la Argentina; de este modo, la minoría fue conducida a debilitar las consignas lanzadas por el Partido y el Secretariado Sudamericano con el objeto de alertar a las masas explotadas de la América del Sud y de prepararlas a la lucha contra la guerra.

La mayoría del C.C. ha tenido, en general, una evaluación justa de los peligros de guerra. Completamente justa es la consigna central: “Ni un saco de trigo ni un kilo de carne para los ejércitos imperialistas en lucha contra la U.R.S.S. y contra la China revolucionaria”. En cuanto a las otras consignas como: “Huelga general de protesta”, así como: “Sabotaje de la guerra”, la I.C. atrae la atención del P.C.A. sobre el hecho de que el lanzamiento de semejantes consignas —tanto como la consigna central— si no está ligado con un trabajo práctico serio de preparación ideológica y de organización conduce al peligro no menos grave del verbalismo revolucionario.

Las resoluciones del octavo Plenum del Ejecutivo sobre esta cuestión daban al C.C. del Partido las directivas necesarias para combatir esos diversos peligros y desarrollar una actividad justa.

Aunque apreciando las primeras medidas prácticas tomadas por el P.C.A. el Presidium juzga inquietante el hecho de que semejantes medidas hayan sido rápidamente abandonadas como consecuencia del desenvolvimiento de la lucha fraccionista.

b) Cuestión Sindical

la Internacional Comunista y la I.S.R. han fijado con dos resoluciones la táctica del Partido en la cuestión sindical. Ellas debían servir de base para solucionar los problemas prácticos planteados al Partido.

La minoría, persiguiendo como la mayoría la directiva justa de concentrar nuestras fuerzas y nuestro trabajo en la C.O.A., ha cometido la falta de concebir la unificación de las fuerzas obreras en la C.O.A. como un asunto administrativo y no como el coronamiento de una lucha para obtener la posibilidad de desarrollar en ella su propaganda y su acción y de un trabajo metódico serio en las organizaciones de base de la C.O.A., para que los obreros hiciesen en este sentido presión sobre los jefes reformistas. La táctica de la minoría llegaba a la unidad formal que hubiese sido, en realidad, una abdicación de los comunistas ante los jefes reformistas y que no daban a la clase obrera ninguna fuerza real para conducir la lucha de clases.

Las tratativas con los jefes de la C.O.A. para la adhesión de los sindicatos bajo la dirección del Partido Comunista no son por sí mismas una desviación oportunista. Ellas devienen un peligro cuando se hacen al margen de la dirección del Partido y cuando no son preparadas y apoyadas por un trabajo intenso en la base de las organizaciones reformistas entre la masa obrera.

En el dominio de la unidad sindical, la táctica del P.C.A. es de perseguir el reagrupamiento de las fuerzas obreras en la C.O.A., pero obteniendo de ella, por medio de un trabajo sistemático en sus organizaciones de base, garantías para el trabajo de los comunistas y de las minorías revolucionarias y para la orientación de la C.O.A. en la vía de la lucha de clases. Las organizaciones sindicales revolucionarias que quieren adherir a la C.O.A. deben plantear las siguientes condiciones:

1. Ingreso en block sin la eliminación de militantes revolucionarios.

2. Seguridad que la dirección elegida por la masa agremiada no será substituida arbitrariamente por funcionarios designados por la dirección de la C.O.A.

3. Ninguna exclusión de agremiados por haber defendido y propagado su punto de vista sobre la orientación sindical de la C.O.A. o por haber formulado críticas contra su dirección reformista.

El Partido debe esforzarse por coordinar el trabajo de los grupos rojos y de los grupos de unidad en las diferentes centrales. Podrá, con este objeto, y si juzga favorable la situación, provocar la convocatoria de conferencias especiales de los grupos de unidad, que nombrarían un comité para dirigir y coordinar su trabajo, pero debe rechazar toda tendencia que tienda a constituir una cuarta central y evitar todo cuanto puede llevar a un tal resultado, que aislaría a los comunistas de las masas reformistas o anarcosindicalistas.

En las resoluciones sindicales en general justas de la mayoría, la proposición de convocar una conferencia de unidad compuesta por organizaciones excluidas, sindicatos bajo la influencia comunista afiliados a las diversas centrales, con el fin de “resolver” la cuestión de la unidad, podía conducir, en la situación presente, y sin que la mayoría del C.C. hubiese querido perseguir tal objeto, a la constitución de una cuarta central sindical. Sobre este punto es necesaria una gran prudencia.

El Presidium considera ante todo que el trabajo sindical del Partido no puede concentrarse únicamente en la cuestión de la unidad sindical que es, ciertamente, de una gran importancia, pero cuya solución depende sobre todo de nuestro trabajo práctico en el movimiento sindical, de nuestra capacidad para conducir las luchas de la clase obrera por la defensa de sus intereses inmediatos, de nuestro trabajo de organización paciente y sistemático.

Un cambio profundo de nuestra concepción del trabajo sindical es necesario para que nuestra lucha por la unidad sindical devenga fecunda y sea apoyada por la masa de los obreros conquistados por el trabajo cotidiano de organización y la lucha de defensa de sus intereses inmediatos, conducida por el Partido Comunista y las organizaciones sindicales bajo su influencia.

En el caso en que la U.S.A., bajo la presión de sus organizaciones de base, adhiriese a la I.S.R., el Partido encarará con la I.C. su táctica ulterior en el movimiento sindical argentino. La adhesión a la I.S.R. no podrá realizarse si la U.S.A. no cesa su lucha contra los comunistas, su política de exclusión y de escisión, si no readmite a los compañeros y sindicatos excluidos y si no conduce toda una acción de defensa de los intereses obreros en acuerdo con las líneas directivas de la I.S.R.

c) Trabajo Municipal

El compañero Penelón ha demostrado, en su actividad municipal, desviaciones netamente oportunistas. Ha tenido razón en defender con energía los intereses de las masas trabajadoras que viven en los barrios pobres, pero toda la tendencia de su labor conducía a limitar su actividad municipal a las proposiciones prácticas e inmediatamente realizables, sin ligarlas a la lucha revolucionaria y a los objetos finales del Partido Comunista, a no plantear con fuerza los problemas políticos generales utilizando la tribuna del Concejo Municipal para atraer la atención de las masas sobre la actividad general del Partido, a hacer del trabajo municipal en favor de los barrios pobres el eje de toda la actividad del Partido en Buenos Aires. Tal tendencia, acentuándose, conduce al oportunismo posibilista. Los manifiestos lanzados por Penelón y su partido con motivo de las elecciones presidenciales son la demostración evidente de esa degeneración parlamentaria. Ellos se esfuerzan por crear una clientela electoral al concejal municipal Penelón, ellos colocan en el primer plano la obra personal de Penelón y no el partido del proletariado y demuestran que Penelón y su grupo, abandonando el Partido Comunista, se hunden rápidamente en el pantano del cretinismo parlamentario.

Reconociendo la importancia particular de la participación de los comunistas en las municipalidades para el trabajo de propaganda, de agitación y de organización de la clase de las masas obreras y trabajadoras y para la ampliación y reforzamiento de la influencia política y de organización del P.C., el Presidium estima que el trabajo de los concejales comunistas debe formar parte del conjunto de la actividad del P.C., debe ser preparado, dirigido y controlado por la dirección del Partido.

La actividad municipal del compañero Penelón, el único concejal comunista del Concejo Municipal de Buenos Aires, no fue controlado ni dirigido por el Partido.

Esta falta de control y de ligazón del trabajo municipal con el conjunto del trabajo del Partido, ha dado a toda la actividad municipal del compañero Penelón un carácter personal inadmisible en un partido comunista.

Pero la mayoría del C.C. tuvo plenamente razón de combatir las desviaciones oportunistas manifestadas por Penelón en su trabajo municipal y si ella ha cometido, de su costado, un error muy grave a este respecto, es de no haber establecido el control severo del Partido sobre el trabajo municipal y no haber combatido bastante enérgicamente esas desviaciones. Sin embargo, la mayoría, aunque teniendo razón en su lucha contra esas desviaciones oportunistas, cometería un error subestimando la importancia del trabajo municipal, la utilidad de las reivindicaciones concretas, la necesidad de trabajar en los barrios pobres pro la defensa de los intereses inmediatos de los obreros y de los trabajadores pobres que allí habitan sin, naturalmente, olvidar que el centro de gravedad de la actividad del Partido está en las usinas.

d) Inmigración obrera

en un país de gran inmigración obrera como en la Argentina, los problemas relativos a la organización y a la actividad de los obreros extranjeros son de los más importantes. Los partidos colocados en tales condiciones tienen con mucha frecuencia la tendencia a tratar a los camaradas extranjeros como comunistas de segundo grado que hay que “asimilar”. El P.C. sebe luchar contra tales tendencias, así como contra la falta opuesta que tendería a hacer del Partido argentino una federación de grupos idiomáticos más o menos autónomos.

La organización de los obreros extranjeros está fijada por nuestras reglas generales de organización. El proyecto de organización de la mayoría, retomando el modo de organización electivo de los grupos extranjeros, está en contradicción con las normas de organización de la I.C. y significa un retorno a la forma federativa, condenada por la I.C. El proyecto de la minoría se acerca, en lo que concierne a la organización, de las directivas de la I.C.

III. Todas las cuestiones sobre las cuales se han manifestado las divergencias políticas en el seno del C.C., eran todas de naturaleza a ser discutidas y resueltas por los órganos regulares del Partido, sin crisis profunda, lucha fraccionista y escisión del Partido.

Si el examen de esos problemas ha conducido a una lucha fraccionista inaudita y a la escisión del Partido, es que los métodos de trabajo y el régimen interior del Partido estaban viciados y que los órganos de dirección no funcionaban tal como debían; ausencia del trabajo colectivo en todos los grados del Partido, falta de autoridad del C.C. como órgano de dirección del Partido, falta de ligazón de la dirección del Partido con las organizaciones de base para la solución de los problemas políticos.

Estos defectos del régimen interior han agravado las divergencias y dado, a la crisis, su carácter personal y su agudeza fraccionista.

Sobre la actitud del representante de la I.C., el Presidium juzga que su línea general y su lucha contra los peligros oportunistas en el Partido eran justas y necesarias; justo igualmente el hecho que él señaló con tiempo esos peligros a la I.C. En cambio, en la aplicación de esta línea, ha cometido algunas faltas que, en algunas cuestiones, se confunden con las faltas de la mayoría del C.C. En lo que respecta a la cuestión del telegrama, el Presidium nota que los representantes de la I.C. tienen en todo momento el derecho de enviar telegramas a la I.C. sin dar conocimiento a los comités centrales ante los cuales son delegados o de no comunicarlos a los comités centrales o individualmente a algunos de sus miembros más que en la medida en que lo juzguen necesario. Empero, el representante ha cometido una incorrección en la forma del telegrama del 13 de junio de 1927 y en la no aplicación de las instrucciones telegráficas contenidas en el telegrama del Ejecutivo del 23 de junio de 1927, concerniente al envío inmediato al Ejecutivo de informes detallados de la mayoría y de la minoría sobre sus divergencias políticas. Pero el Presidium piensa que esta cuestión del telegrama es una cuestión de segundo o tercer orden que ha sido traída al primer plano de un modo inadmisible por el grupo de Penelón, para velar las discusiones políticas que son determinantes.

Sin embrago, tales errores no sabrían en ningún modo disminuir la responsabilidad del compañero Penelón en las faltas que él ha cometido, él mismo, por sus hábitos de trabajo personal, ni legitimar o excusar los métodos inadmisibles que ha utilizado en su lucha fraccionista contra la mayoría del C.C., llegando hasta la ocupación de fuerza de los locales del Partido, a la escisión de la sección argentina de la I.C. y a la constitución de un nuevo partido. Miembro del Ejecutivo, él debía dirigir a la Internacional las quejas que tenía que formular contra su presentante en la Argentina, pedir su retorno, debía venir él mismo a Moscú como se lo pidió varias veces el Ejecutivo para esforzarse, con éste, de solucionar los problemas políticos y la crisis del Partido. En vez de someterse a la disciplina de la Internacional, de suspender la lucha de fracción esperando la decisión de la I.C. y de venir a Moscú a pedido del Ejecutivo, él tomó pretexto del viaje no autorizado de Ghioldi para señalar una desconfianza inadmisible y que nada podía legitimar respecto de la instancia suprema de la I.C., él ha quebrado la disciplina y la unidad del Partido y se ha colocado fuera de los rangos de la Internacional Comunista fundando un nuevo partido. El Presidium condena enérgicamente tales actos de revuelta de la minoría del C.C. contra la disciplina más elemental del Partido, que sólo aprovechan a nuestros adversarios de clase.

IV. El Presidium de la Internacional Comunista reconoce en el Partido Comunista de la Argentina, actualmente dirigido por el Comité Central surgido del Comité Central Ampliado del 31 de diciembre de 1927, la continuidad regular de su única sección argentina. Reconoce en el Comité Central actual la única dirección regularmente elegida del Partido Comunista argentino y le da su entero apoyo. Empero, con ello el Presidium de la I.C. no aprueba todos los actos del C.C. ni todos los actos o artículos de tal o cual de sus miembros.

El Presidium decide sobre la base de esta decisión, el esfuerzo máximo debe ser realizado para la unificación del partido de Penelón con la sección argentina de la I.C. Hace un llamado a todos los militantes comunistas momentáneamente alejados fuera de los rangos del Partido y que se hallan en el partido de Penelón, para que acepten la disciplina internacional, cesen su lucha fraccionista y reconstituyan la unidad del movimiento comunista argentino sobre la base de las decisiones de la Internacional Comunista.

Plantea al grupo de Penelón las siguientes condiciones para su reingreso en el Partido: disolución de su fracción y supresión de sus periódicos, volantes o circulares; aceptación sin reservas de la disciplina de la I.C.; sumisión a las decisiones del próximo congreso del Partido y trabajo leal por la aplicación de las decisiones.

Si el Partido de Penelón acepta esas condiciones, el Presidium decide que el próximo congreso del P.C.A. que debe tener lugar más tarde en junio, será un congreso de unificación para la preparación del cual decide la creación de una comisión especial formada por representantes de los dos partidos, y responsable directamente ante el Presidium de la I.C. Esta comisión que no reemplaza al C.C. del Partido, tiene por misión liquidar todas las cuestiones relativas a la unificación de las fuerzas comunistas y a la preparación ideológica y técnica del congreso de unificación —liquidación de las organizaciones y grupos fraccionistas, unificación de las células, etc.—. Todas las cuestiones de acusaciones personales serán eliminadas de la discusión y trasladadas a una comisión de control compuesta de viejos camaradas fieles a la causa comunista, nombrados por partes iguales por los dos partidos.

El Presidium de la I.C. dirige al partido del compañero Penelón una seria y última advertencia. Negándose a trasladarse al Ejecutivo para discutir en él la situación del Partido, planteando a la I.C. un ultimátum inadmisible, expresando con ello su desconfianza respecto de la I.C., creando un nuevo partido, el compañero Penelón y sus partidarios han hecho los primeros pasos que los conducirán infaliblemente al rango de los renegados de la causa revolucionaria. El Presidium invita a los camaradas de ese grupo a reflexionar y a reconocer lealmente que se comprometen en una vía falsa y peligrosa, les pide que retornen mientras es tiempo aún a la Internacional Comunista y al Partido, fuera de los cuales no hay movimiento revolucionario real.

Si el partido de Penelón se niega a unificarse con el Partido Comunista argentino, no sometiéndose a la disciplina de la I.C., el P.C.A. debe conducir la lucha más enérgica contra los dirigentes de ese partido considerándolos como renegados conscientes del comunismo y de la revolución proletaria, dándose siempre por tarea la de reconquistar todos los elementos proletarios momentáneamente equivocados por la acción de ese partido. El Presidium no duda que los compañeros realmente comunistas que han salido de la Internacional en el curso de la lucha fraccionista, colocados ante las decisiones de la Internacional harán un esfuerzo de sinceridad revolucionaria volviendo a la sección argentina de la I.C. Por su lucha incesante contra el imperialismo y la burguesía argentina, contra el reformismo y el anarcosindicalismo, por su trabajo práctico y su defensa de los intereses de las masas obreras y campesinas, el Partido Comunista argentino liquidará el fraccionismo y sellará nuevamente la unidad leninista de todos los verdaderos revolucionarios.

El Presidium de la Internacional Comunista.

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