Historia Obrera y Socialista

«Todo el poder a los sindicatos»

Artículo publicado en Unión Sindical n° 3, 22 de abril de 1922, pág. 3

Interpretación que debe darse a esta leyenda. Inviolabilidad y control de la misma

Nuestro congreso constituyente sancionó casi por unanimidad el que el proletariado tendería en sus luchas contra la sociedad burguesa a suplantarla en el menor espacio de tiempo y para conseguirlo había de pasar todo el poder económico social a los sindicatos, seguro que ningún otro sistema podría sancionar la nueva vida.

Hizo esto en la seguridad de que ni los partidos políticos llamados revolucionarios, ni la libre iniciativa de las agrupaciones anarquistas después de efectuada una revolución, llenarían su cometido de sostener la libertad en igualdad de condiciones para todos aquellos que les tocase actuar después de la revolución. Pruebas de ello existen en la misma Rusia comunista. Ella es gobernada actualmente por un partido político que ha negado su revolucionarismo al usurpar los derechos del proletariado. Estaríamos de acuerdo en aceptar que la misma presión burguesa internacional le ha dado motivos para ello, pero no podemos en modo alguno admitir que no se haya podido ir más allá de lo que fue la revolución rusa si el poder es entregado a los trabajadores sindicalmente organizados. Los mismos conatos revolucionarios de Cronstad, Ekaterinemburg y otras poblaciones rusas se han hecho no por el establecimiento de la libre espontaneidad anárquica, sino por la constitución de los “soviets” obreros, únicos capaces de investir de libertad a la propia revolución.

“Todo el poder a los soviets” ha sido el grito y el lema sostenido por los trabajadores anarquistas rusos. La contra hecha al gobierno comunista de Rusia ha sido y es porque adulterando aquél el propósito y los deseos del proletariado cuando lo hace en nombre de un partido que supo burlar el control de los trabajadores.

Tenemos ante nuestros ojos una recopilación de artículos de un anarquista alemán llamado Rocker. Todo él es una defensa a la constitución de los soviets obreros, cuyos trabajos fueron hechos públicos en un semanario que aparece en esta capital, como documentos valiosos e incontrovertibles. Mas basta que ahora la U.S.A. haga suyo eso de “Todo el poder al sindicato”, para que los mismos que cantaron loas a Rocker, se vuelvan ahora contra el acuerdo del proletariado unificado argentino, por haber aprobado en su congreso y sostener en la carta orgánica que para llegar a una sociedad de igualdad no hay otro medio que poner en manos de los sindicalistas obreros todo el poder económico social.

En cuanto a dejar librado a la libre iniciativa de las agrupaciones libertarias la estabilidad de la revolución y el buen funcionamiento económico social de la sociedad de productores, ni siquiera se debe hablar. Ello sería el caos, la confusión más terrible, la vuelta a la sociedad burguesa ya que todos los pillos de ella aprovecharían la situación de “libre iniciativa” para en uso de su “perfecta libertad”, asesinar y someter a sus egoísmos a todos aquellos que más pusilánimes o más inconscientes no se encontraran con fuerza para oponer una férrea resistencia. Y poseedores esos pillos de una fuerza sometida, fácil les sería continuar sometiendo a los más revolucionarios e intransigentes en su férula mandataria.

Descartada la idea de un gobierno de partido y eliminada por su misma simpleza la idea de dejar librada la revolución a la espontaneidad de las agrupaciones, no le queda al proletariado otro recurso que poner en manos de los sindicatos el poder de la nueva sociedad de productores, cuyo poder sería controlado por los mismos organizados tal como sucede hoy en el funcionamiento de las comisiones administrativas.

Es innegable que para llegar a esto se requiere que el proletariado se capacite técnicamente, que sepa de estadística tanto como de construir un puente o hacer una puerta; mas para ello es que la U.S.A. se ha preocupado en que los trabajadores, lejos de entregarse a las viejas prácticas del mejorativismo castrador que hasta el presente lo ha sostenido en una situación de paria, se entregue de lleno al estudio de los problemas estadísticos y técnicos a fin de que llegado el momento de hacerse cargo de la sociedad, sepa cumplir su cometido sin mayor esfuerzo y sin que tenga el temor de tornar al servicio y dirección de ningún partido ni de ningún técnico escolástico de la sociedad burguesa para salir airoso de su misión sindical.

La posesión de fábricas, campos y mares por el proletariado es lo que persigue la U.S.A. como lo perseguía la primera Internacional, y como ella, sostiene que solo entregando el poder a las organizaciones obreras que administren la producción y el consumo, es como se llegaría a suprimir todo privilegio y toda ingerencia política. Porque hay que tener presente que no es la obra de un hombre ni de un partido la que puede solucionar la situación económico social de los pueblos, sino que es obra de todos los hombres que como productores y consumidores, intervienen en ella. Por lo tanto es de la incumbencia de la sociedad el buen funcionamiento de la misma y a ella ha de encomendarse este mandato que por resultar imposible en la práctica la acción de todos, se encomienda a las delegaciones sindicales la representación de sus asociados, para que esas delegaciones, de acuerdo al mandato que les ha sido conferido, resuelvan en común la buena marcha moral y económica de la sociedad.

J. Alcibidades

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